De Sus Historias con Sello Propio a las Bio y Narco Novelas – Telenovelas en Colombia

Mucha producción y ¿para qué?

En Colombia sin lugar a dudas la producción abunda y la llegada de nuevas y reconocidas productoras en el ámbito mundial, así como la consolidación de nacionales, promovieron alianzas y diversificaron la basta realización argumentativa. Esto provocó el arribo de cantidades, antes impensables de estrellas del cine y la televisión, en parte motivados por la fama que ha cosechado la manera de producir en este país y los altos ratings de audiencias de los que se comentan han superando a los antes indestronables Televisa y Venevisión.

Oh sorpresa. Allí radica el declive señalado en la dramaturgia colombiana. En esas dos palabras hoy tan de moda y determinantes en la vida de un producto y su contenido: cantidad y rating. Estos dos elementos contrariamente nada tienen que ver con la calidad, y volvemos al punto focal del tema: la calidad y mística de antes.

La cantidad de telenovelas y series hechas al año por numerosas productoras como Sony, Fox, en alianzas con productoras como Teleset, Telecolombia, Dramax, o VistaTV para y con canales como RCN y Caracol, y también los productos de la mítica RTI que luego de su alianza con Telemundo para Caracol, ahora hace llave con Televisa para ambos canales colombianos, sólo son eso, cantidad sin calidad.

El rating no determina qué tanta calidad tiene un contenido en sus diferentes variables como: historia, selección de casting, y la producción propiamente dicha en lo que tiene que ver con su arte, locaciones y continuidad.

Es quizá Colombia el país más vanguardista, en este momento, en lo que tiene que ver con el uso de tecnologías y escenarios. Pero contrariamente es el de mayor pérdida de calidad escénica, actoral y argumentativa. Y peor aún, el de mayor declive de su identidad plasmada en las telenovelas.

Lo que se había logrado especialmente en los años 80, visto de manera exitosa en los albores de los 90 y cuyos cimientos fueron puestos en los 70, a mediados de la década de los 90 tristemente fue derribando el género, acarreado por la llamada apertura económica. Ahí comenzó el principio del fin y se vieron pasos de gigante frente a la llegada de la mal llamada internacionalización de las telenovelas colombianas.

Hoy día éxitos cosechados con historias de identidad propia, novelas de autor y versiones libres de grandes autores universales y colombianos fueron espantosamente cambiadas por las hoy llamadas narconovelas, bionovelas y hasta como las he redefinido narcotraquetoputibionovelas, pues en eso ya radican los guiones colombianos.

Las historias de hoy están plasmadas de historias de narcos que a su vez se relacionan y entrelazan con artistas, prepagos, mafiosos, deportistas y sus vidas, tristezas, triunfos y fracasos, contados generalmente en forma de oda haciendo apología a sus vidas y la justificación del por qué son como son. Al final de cuentas a quién le importa sus vidas, sus miserias, y alegrías si en la historia de Colombia sólo son el reflejo de la tragedia continúa de un país en guerra por más de 50 años.

Pero bueno al leer esto dirán que estos contenidos sí gustan porque el rating lo demuestra. Pero como dije, ese no es ni el pálido reflejo de las audiencias de antes y actualmente muchos televidentes desertaron hacia nuevas formas de ver contenidos.

Lo que se logró con historias de Julio Jiménez como La Abuela, Los Cuervos, Lola Calamidades, ¿Por Qué Mataron A Betty Si Era Tan Buena Muchacha?, En Cuerpo Ajeno; de Bernardo Romero Pereiro con Caballo Viejo, Señora Isabel, Sangre De Lobos, La Potra Zaína; de Martha Bossio y sus versiones de Pero Sigo Siendo El Rey, Gallito Ramírez, La Casa De Las Dos Palmas; de Mauricio Navas y La Otra Mitad Del Sol, La Mujer Del Presidente; y de Mónica Agudelo con Hombres y La Madre entre otros, hoy tristemente es sólo el recuerdo de una televisión que ahora más que nunca añoramos.

Lamentablemente parece que esto no tiene reversa. Las productoras y canales le siguen apostando a esa nefasta fórmula de bio y narco novelas afianzados en el mentiroso argumento que es lo que las audiencias piden y ven. También es una contradicción por parte de la impredecible audiencia que aunque todo critica, sucumbe día a día y noche a noche a una cita con la horrenda y tediosa programación colombiana. La producción del país desafortunadamente fortalece una mala imagen, ya sembrada en muchas partes de una Colombia de cultura traqueta, perezosa y misera.

El problema está identificado en la pérdida de valores formativos y culturales de una televisión que se consolidó ampliamente nacional e internacionalmente con calidad y trabajo, distinguiéndola como una de las mejores a nivel de libretos, historias y actuaciones. La solución tiene que ver con el hecho de volver a mirarnos positivamente y aprovechar todos los recursos tecnológicos, hacer una mezcla de lo tradicional, de lo que fue éxito y apoyarlo con las ayudas de hoy para forjar una nueva telenovela colombiana.

Colombia es tal vez el país con mayor oportunidad de reinventar su cultura de producción en telenovelas, pero también el que más desaprovecha sus fortalezas, dando espacio a las amenazas del medio y sucumbiendo ferozmente a la debilidad de hacer lo peor, pudiendo hacer lo mejor.

Mauricio Varela
Twitter: @MauroV708O90
Facebook: Telenovelas y TV de Ayer, Hoy y Siempre

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1 Comentario

  1. Anonimo dice:

    Este articulo tiene toda la razón lo peor que le pudo pasar a la telenovela Colombiana fue su alianza con Telemundo desde ese entonces empezó su decadencia y a perder su identidad hasta caer tristemente en los géneros de la Narconovela y Bionovela.La telenovela Colombiana fue buena en los 70.80,90,para mi la ultima telenovela buena que tuvo Colombia fue Yo Soy Betty La Fea.

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