¿Por qué la crisis de la telenovela mexicana? (Parte 6)

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La creatividad (El eslabón perdido)

“Si Shakespeare hubiera conocido la serie, probablemente Hamlet duraría ocho temporadas de trece episodios”1

La crisis de la telenovela mexicana es esencialmente una crisis creativa. Todos los demás factores: la fragmentación del mercado, la irrupción de la multiplataforma, la contracción de la inversión publicitaria en televisión abierta, los costos de producción y la reputación negativa del género han contribuido coyunturalmente a agudizar el problema pero no son el meollo de origen de la actual situación.

La creación es la acción de crear (producir algo de la nada), la creatividad es la facultad para crear y la capacidad de creación2. Por ello hablamos de una industria creativa porque parte de estimular la capacidad de creación e invención para su existencia.

La dirección de escena y la brújula perdida

Si alguien todavía duda del origen creativo de esta crisis, que revise la mayoría de las producciones de al menos la última década. Incoherencias de tonos, anarquía actoral (obviando que haya actores), trazos escénicos primitivos y sobre todo ausencia de la sazón de cocineros con expertise y vitalidad inventiva.

Las pantallas de hoy evidencian los amarillentos manuales de procedimientos escénicos de la industria que remiten a quien rige la cosmovisión creativo-artística de toda obra en producción: el director de escena.

Las telenovelas de hoy son como el empaque de los jugos más baratos del supermercado: no importa su presentación ni lo que digan para vender, la gran mayoría de los consumidores ya advierte que lo que contienen no es precisamente fruta exprimida ni un sabor orgánico alejado de lo industrializado.

La tecnocracia y el respeto a la creación

A La Vida en el Espejo (1999) le debemos la última innovación dramatúrgica y escénica sustancial de la telenovela mexicana (¡18 años!), no obstante de ser una derivación de Mirada de Mujer (1997) y de la irregularidad en que incurrió su realización a partir de su segunda mitad. Lo es incluso sobre las nuevas “súper-series”.

Resulta sintomático que en las retransmisiones (2017) por el canal principal abierto de TV Azteca hayan cortado como con vocación de jardinero las escenas extendidas de la telenovela, una de las aportaciones narrativas de la dramaturgia, potenciadas por las innovaciones de la dirección escénica de Antonio Serrano.

  

¿Alguien con sentido común (y gusto artístico) cortaría el flujo de esta extraordinaria escena? Ni siquiera han respetado la lógica de continuidad en varios capítulos de la retransmisión. Faltándole el respeto no sólo a la creación original del autor sino a una de las pocas joyas dramáticas de la TV Azteca.

¿Así trata la televisión mexicana al legado inventivo de sus creativos?

So pretexto de una “edición especial”, no imagino a los de la Paramount fragmentando la escena de su clásico El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972) en la que Michael (Al Pacino) se despoja de sus hábitos militares y le dispara a quemarropa al policía corrupto y al emisario del clan contrario en venganza por el asesinato de su hermano Sony, en una acción dramática que lo convierte en el nuevo líder de los Corleone, lo que define la historia y al personaje.

Si re-visionamos un proyecto como La Vida en el Espejo, podemos detectar cómo en su segunda mitad exuda uno de los vicios reiterativos de la telenovela mexicana: grabar pegados al aire. Se nota, pero ello no demerita la historia original de Bernardo Romero. El elenco principal hizo carrera y ha pasado la prueba del tiempo y, verbigracia, de las burdas re-ediciones.

El director y la impronta creativa

Actualmente enfrentamos una gran paradoja: casi todos los directores de escena en ejercicio son egresados de universidades (algunas del extranjero) e incluso cuentan con carreras especializadas y mejores herramientas técnicas que otrora, empero la escena en pantalla no traduce esa “evolución”. ¿Por qué?

Es verdad que tanto en el plano amateur como profesional encontramos a directores talentosos, pero es un fenómeno cada vez más común en la producción mexicana de ficción: directores tecnócratas más preocupados en sus “fierros” (cámaras y equipo técnico) que en prestar la debida atención al depositario sine qua non del relato: el personaje y por ende el actor. En ello el teatro sigue siendo el templo referencial. He aquí el para qué aclarar la supremacía de lo creativo en una industria, reitero, creativa.

No pretendo desestimar cualquiera de las áreas que intervienen en un proceso de carácter colectivo. Pero cuando se atestigua en el set esta tendencia snob y se observan los resultados en pantalla (los únicos válidos) es posible detectar a directores juramentados con formas inamovibles (la vieja guardia) y a los nuevos que se pierden tanto en los medios que olvidan el fin. Excepcionales son (los hay) los que no entran en esta inercia. ¿A qué hora crean?

La lógica supondría que ahora que todos estamos más capacitados, se contrata a los mejores talentos de cada área de la producción justo para no distraer (innecesariamente) la labor de quien conduce la cosmovisión artística de la obra.

El mundo al revés: ¿qué al servicio de quién?

Si en las producciones mexicanas de hoy (sobre todo en súperseries) se están desacelerando los volúmenes de grabación por día, no se debe a la concientización sobre lo creativo sino a las implicaciones técnicas de las nuevas cámaras.

¿Por qué la crisis de la telenovela mexicana? (Parte 6)

La música, el déficit del gusto

¿Cuáles de las últimas canciones de telenovela vienen con rapidez a la memoria del lector? ¿Cuáles de ellas forman parte de su playlist personal? ¿Cuántos han llegado a los primeros lugares de las listas de popularidad de la industria musical?

Los temas de telenovela sintetizan la historia. Han sido interpretados por las mayores estrellas o mejores nuevas promesas de la canción popular multiplicando la exposición de cada producción en los diferentes medios y con ello su publicidad implícita y reiterativa. Aportan tono, color y empatía emocional con la audiencia.

  
(El extraordinario soundtrack de Daniel Catán para El Vuelo del Águila (1994))

La música en telenovela también ha sufrido el abaratamiento y la maximización de utilidades a cualquier costo. Además, se degradó el gusto con canciones insignificantes e intrascendentes. La música es hoy víctima del simple intercambio mercantil entre una producción y una disquera o estrella pop. Se menosprecia su quintaescencia creativa.

Es cierto que la fragmentación actual en la radio e internet y la falta de espacios musicales en televisión no ayudan a popularizar una canción. Entonces con mayor razón se requiere redoblar la exigencia en su calidad y cualidad creativa.

Quizá en justicia, algunas de las excepciones recientes son las canciones de La Malquerida (2014) y Para Volver a Amar (2010), del estupendo remake de la colombiana El Último Matrimonio Feliz. El interpretado por Diana Reyes para Yo No Creo en los Hombres (2014) y el de Carlos Rivera para Sin Rastro de Ti (2016), son ejemplos de acertadas decisiones por letra e intérprete pero que cargan con la pesada contradicción de su contexto: arreglos musicales producidos para no trascender. Definitivamente “El diablo está en los detalles”.

Si la industria de la telenovela abriera sus puertas al maravilloso caudal que está generando la música independiente (con extraordinaria calidad), sorprenderían a su audiencia e impulsarían a los artistas que hoy se demandan.

La súperserie: el espejismo en el desierto

Para afrontar la caída de los encendidos, el desprestigio de la telenovela y las consecuentes pérdidas financieras, la industria ha emprendido medidas inmediatistas que decantan en un gatopardismo que no facilita la genuina creatividad sino por el contrario, la pretende reamoldar.

Otra vez sólo atención a la forma y no al fondo, y (no es augurio sino previsión) otra vez resbalarán en el mismo barranco y puede ser que más hondo.

La llamada “súperserie”, el pretencioso híbrido entre telenovela y serie anglosajona cuyo referente principal hoy es El Señor de los Cielos (Telemundo 2013-), no nos ha traído renovación; en todo caso, de forma y no de fondo, todavía. La industria parece optar por un nuevo vestuario y maquillaje para auto engañarse haciendo pasar por sano al paciente enfermo.

Digámoslo claro: si la súperserie viene para elevar la calidad de producción, bienvenida, pero no será suficiente para superar la crisis.

Desde una perspectiva optimista, ha sido una evolución reactiva (que no proactiva) originada en los escritorios ejecutivos de la industria hermana del mercado hispano de los Estados Unidos debido a la influencia directa del serial estadounidense que vive su época dorada.

Por ejemplo, ¿qué de nuevo ofrecen Señora Acero (Telemundo, 2014-) o La Fiscal de Hierro (TV Azteca, 2017) sino un esquema de fórmula cuyo inicio fue catalizado por el boom de La Reina del Sur (RTI-Telemundo, 2011). No desestimo La Fórmula como una herramienta de la industria para generar certidumbre en el aspecto comercial y programático. Me parece válido como parte de la ecuación. Recurren a ésta Hollywood y Bollywood.

Lo que sí infiero es que si la producción de ficción dramática seguirá basándose únicamente en ello (como otrora con el esquema Cenicienta), entonces la industria mexicana estará confinada a viajar en el estribo del tren de la producción mundial.

Es precisamente el caso de la narconovela o de la ahora socorrida bioserie (biopic). Cuidado. Comprendamos que es la historia original la que debe ser la punta de lanza y todas las demás propuestas las que la acompañen. Entre ellas, las buenas adaptaciones de remakes, la fórmula y el spin-off (historia con personaje derivado de una obra existente).

¿Otro atributo del original?

Además de la diferenciación intrínseca y la potestad exclusiva sobre los derechos primarios de una historia, la dramaturgia moderna puede generar, desde el punto cero de creación, contenidos con vocación para desdoblarse orgánicamente en las diferentes plataformas existentes y en las que se desarrollen.

El remake, la fórmula y el spin-off también pueden favorecerse de un ambiente creativo fértil. Así como la inercia arrastra (bien lo sabemos) a la involución, la creatividad puede contagiarse para impulsar la evolución. Hagámosla viral.

Efecto Netflix, similares y conexos

La llegada de las plataformas Over The Top (OTT) ha revolucionado radicalmente el status quo de la televisión expuesto en esta entrega. No olvidemos que anteriormente la multiplicación de la oferta de canales, su sofisticación y la creciente cartera de suscriptores de la TV de paga pavimentaron este camino. No se originó a partir del arribo de Netflix como se cree.

Una audiencia creciente fue accediendo a más opciones y a nuevos referentes, varios de ellos de mayor calidad. Opciones que empezaron a crear hábitos, targets de naturaleza interactiva que han crecido con ellos. Subculturas que crean valores añadidos de identificación y pertenencia generacional. Así como la masificación del televisor (aparato receptor) sacudió a la industria de la radio y el cine, ahora el internet por medio de las OTT lo hace con la televisión tradicional.

¿Qué faltaba? La cesión del poder. De la TV de programación lineal, estamos transitando a una época no lineal en que ahora es el televidente el que programa para sí: decide qué ver, cómo, en qué momento y dónde. Y hay mucho bueno que ver. Falso que la TV abierta morirá pronto, lo hará en todo caso su programación lineal con la que crecimos y en la que emergió la telenovela.

La serie estadounidense y su “Edad de Oro”

De Dallas (CBS, 1978-1991) a The Sopranos (HBO, 1999-2007), de Dynasty (ABC, 1981-1989) a Breaking Bad (AMC, 2008-2013), de The Twilight Zone (CBS, 1959-1964) a Black Mirror (Channel 4/Netflix, 2012- ), de Alfred Hitchcock Presents (CBS/NBC, 1955-1965) al prólogo de la actual época: Twin Peaks (ABC, 1990-1991), la serie creada por David Lynch y Mark Frost.

Hoy varias de éstas teleseries de la llamada “Edad de Oro” por publicaciones como el Hollywood Reporter o Rolling Stone no sólo son éxitos de audiencia sino que han logrado, lo otrora impensable: auparse en referentes de culto y respeto en los distintos ámbitos de la opinión; se han puesto al nivel del cine, el gran faro de realización audiovisual (todavía) de nuestra era, sin perder el asidero popular. La pantalla chica ni era chica ni una “caja idiota”, otro paradigma roto.

La serie junto con los largometrajes, está disputando el trono de anchor y prime de las OTT más importantes del mercado mundial. En la actualidad, los mejores artistas y creativos del mundo desean colaborar con ellas.

En contraste a la telenovela, el único género de ficción televisiva creado por nosotros los latinoamericanos, no se le ha permitido correr con la misma suerte.

Lo que busco exponer es la notabilísima y constante evolución de la ficción seriada en la TV anglosajona que incluye con justicia a la producción inglesa. Independientemente del avance técnico, ¿a qué se ha debido este fenómeno? Lo resumo en una frase: valor a la creación. En el hecho no en el discurso.

CONCLUSIÓN SEXTA PARTE

En la edición 89 de los premios de la Academia de Hollywood (Oscar), producciones de plataformas OTT como Manchester by the Sea de Amazon Studios lograron colocarse en la vitrina de mayor prestigio de su industria y no sólo debido a la cantidad ingente de recursos y a sus campañas de relaciones públicas. Atrás podemos detectar producciones con robustas bases de alto valor creativo y simbólico. Que conste que no he ahondado en lo artístico.

En la semana en que este autor escribe el presente artículo, Variety ha dado a conocer la pugna para que Netflix financie y se haga con los derechos de The Irishman la nueva súper producción del legendario Martin Scorsese con Al Pacino, Roberto de Niro y posiblemente Joe Pesci encabezando el reparto3, ¿he mencionado que la película será sobre gángsters?

Lo anterior no sólo huele a clásico sino apunta por revolucionar la dinámica tradicional de la industria audiovisual en Estados Unidos (y por ende del mundo) y las estrictas reglas con la que una película puede entrar a disputar sus más prestigiados premios. Ahora Netflix busca Oscares, no sólo Emmys.

No pretendo idealizar ni menospreciar a nadie pero ¿qué proyecto o tendencia al aire en la industria mexicana podría ser el émulo de estas referencias?

Los vecinos de la principal industria del espectáculo del mundo (con todo y sus propios avatares no exentos de riesgos) asientan con regularidad sus propuestas sobre bases de indiscutible virtud creativa y (no pocas) también artística. Al poner a trabajar la innovación de las formas al servicio de esos contenidos, su estructura puede marcar pautas y consolidar su liderazgo como ninguna otra industria.

En México mientras tanto, tenemos a productores declarando que la crisis de la tele ficción se soluciona simplemente… con reducir el número de capítulos de sus producciones y grabarlas con cámaras de cine digital en formato 4K y de lentes intercambiables4. Ah, y avergonzándose de su propia herencia: la telenovela.

REFERENCIAS:
1. Carrión, Jorge, Teleshakespeare: las series en serio, Editorial Tintable, 2015.
2. www.rae.es
3. http://variety.com/2017/film/news/martin-scorsese-netflix-the-irishman-1201995148/
4. http://www.eluniversal.com.mx/articulo/espectaculos/television/2016/05/13/las-amazonas-cabalgaran-en-pocos-capitulos

Liga a la parte 1
Twitter: Daniel Lares
Blog: Daniel Lares

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