Sin Tu Mirada. Crítica de la semana de estreno

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El que come aguacate sin sal…

La telenovela Sin Tu Mirada producida por Ignacio Sada Madero llegó reabriendo el horario de las 4:30 por Las Estrellas.

Es un refrito de la clásica telenovela Esmeralda de Delia Fiallo. La primera versión de esta historia se realizó en 1970 con las actuaciones de Lupita Ferrer y José Bardina. En 1985 se rehízo con el nombre de Topacio y las actuaciones de Grecia Colmenares y Víctor Cámara. La primera versión mexicana fue la que produjo Salvador Mejía en 1997 con Leticia Calderón y Fernando Colunga.

En la primera semana conocimos el origen de Marina (Claudia Martín) y Alberto (Osvaldo de León). Ellos fueron intercambiados secretamente al nacer en Valle de Bravo. Marina nació en una familia rica y Alberto en una familia pobre, sin embargo al ser cambiados ella creció en el campo con Damiana (Cecilia Toussaint) a quien creía su madre, mientras que él fue criado como el heredero de la fortuna de los Ocaranza. Alberto es novio de Vanessa (Scarlet Gruber) pero cuando él y Marina se conocen, ambos empiezan a sentir algo especial. Los sentimientos entre ellos se verán obstaculizados por los secretos del pasado y por el doctor Isauro Sotero (Carlos de la Mota) quien tiene un interés enfermizo por Marina.

Sin Tu Mirada. Crítica de la semana de estreno

En lo que hemos visto en la primera semana Sin Tu Mirada es lo mismo que Esmeralda pero con otros actores. En el libreto de Gabriela Ortigoza no hay “adaptación” al siglo XXI ni en su fondo ni en su forma.

En lugar de resolver las cosas de una manera inteligente las situaciones se van alargando de una manera añeja. Ahí tenemos en los pueriles diálogos entre Paulino (Emmanuel Orenday) y Alberto algo con así como: “Dime cómo se llama la ciega” y el peón “No te lo voy a decir” fin de la escena. O también el “misterio” de la tumba perdida de la niña supuestamente muerta que podría resolverse en un dos por tres si Angustias (Ana Martin) enfrentara a Damiana.

De todo lo acontecido lo que no cuadra es la extraña relación entre Paulino y Alberto. No hay justificación psicológica para que los personajes reaccionen entre sí como lo hacen. Paulino actúa como un amargado resentido con sus patrones siendo que él y Alberto eran amigos de niños. El peón le habla de usted a quien fuera su camarada infantil y además por si fuera poco ¡lo trata con la punta del zapato (o de la bota)! Habráse visto. Alberto es tan blandengue que casi casi se deja humillar por el guapo Lino. En una telenovela de Giselle González estos dos serían una pareja sadomasoquista.

Bien por Claudia Martín, Osvaldo de León y Carlos de la Mota. Claudia Martín –quien hizo de muda en Enamorándome de Ramón– realiza dignamente su papel de invidente y la producción le agregó el detalle de mostrar cómo escucha los sonidos agudizados para orientarse.

En los papeles de soporte muy bien Claudia Ramírez como la mamá sufrida, Ana Martin como su confidente, Luz Elena González como la tía arribista, Luis Bayardo como el amigo de Marina e Ignacio Guadalupe como el sepulturero.

Scarlet Gruber y Emmanuel Orenday brillan por sí solos. Ambos tienen madera para llegar muy lejos. Sobre el personaje de Vanessa solo deseamos que le quiten el clásico tonito de niña fresa.

Cecilia Toussaint a pesar de verse distinguida continúa encasillada en personajes de señora pobre con secretos del pasado como en Amor de Barrio y Yo No Creo en los Hombres. Además no tiene expresión facial. Es como una esfinge y no transmite lo que debería sentir.

Eduardo Santamarina “santamarinó” al personaje. En lugar de darle seriedad al trabajo, el actor puso toda su dicharachería jarocha dizque para hacerlo más animado pero con resultados cuestionables.

Sin Tu Mirada está dirigido a los amantes de los melodramas clásicos que no se cuestionan el desarrollo de las historias. Como producción va bien, como libreto puede mejorar.

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