Saras y Kumud. Crítica de la semana de estreno

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Bostezos de mediodía

Una historia de amor de la India es la oferta que el canal Imagen TV programó en el horario de las 12 del mediodía. Se trata de Saras y Kumud la cual también tiene el subtítulo de Almas Gemelas y ha sido transmitida en países como Argentina, Chile y Estados Unidos.

En la primera semana vimos cómo los padres del serio joven Saras (Gautam Rode) quien vive en Dubai y de la maestra Kumud (Jennifer Winget) quien vive en la India, arreglaron su matrimonio sin que ellos se conocieran. Kumud se emocionó al ver por internet una imagen parcial de su futuro prometido pero Saras le envió una carta cancelando cualquier tipo de enlace. Kumud lo desafia en una fallida videoconferencia a que vaya a la India a cancelar la relación de frente y ante su padre. Ya en la India, Saras y Kumud tienen una serie de desencuentros y sin quererlo el muchacho se empieza a involucrar en la vida de la familia de Kumud.

Saras y Kumud. Crítica de la semana de estreno

A paso de tortuga se va desarrollando la trama de esta historia que nos deja ver algunas de las tradiciones de la cultura hindú. Un matrimonio arreglado, los elementos sagrados de su religión y hasta un poco de medicina naturista nos mostraron en la primera semana.

La telenovela aborda conflictos muy localistas. Vemos a personajes con creencias muy arraigadas que dejarían morir a un niño ahogándose en un río supuestamente sagrado o que lincharían a quien aún por accidente mate a una vaca. Por otra parte también hay personajes progresistas y respetuosos de la religión pero no fanáticos.

Hasta ahorita la supuesta atracción entre Saras y Kumud no tiene nada de terrenal sino que va en el plano de lo sensorial. Cuando están cerca sopla el viento, se detiene el tiempo y quedan como electrizados. Él está al pendiente del cascabelito que ella siempre trae entre sus prendas y ella se derrite al ver los ojos de él.

Espiritualmente está todo muy bonito pero cuando entra la razón lo echan todo a perder. Tanto Saras como Kumud son unos necios tercos y es muy difícil sentir empatía por ellos. Cuando Saras decide regresar a Dubai bien ya podría haberse acabado la novela y tan tán y todos felices a lo que sigue.

De las intrigas que prometía la villana Guman (Monica Bedi) aún no vemos nada. La madrastra infernal se la pasa haciendo caras y poses pero seguimos esperando que verdaderamente cometa alguna maldad.

En cuestiones de producción es de aplaudirse que con el casting promuevan la belleza étnica de su gente no como en México donde abundan las protagonistas de rasgos extranjeros.

Los vestuarios y las locaciones están de 10. Pudimos apreciar una variedad de saris que son la prenda femenina hindú por excelencia y también coloridos maquillajes. Probablemente esta sea de las primeras telenovelas en que vemos locaciones en Dubai y en exóticos lugares de la India.

El manejo de cámaras sobresale por su carácter estudiado donde cada toma tiene su importancia para manifestar sentimientos. El gran pero en cuestión de producción es la musicalización extrema en casi todas las escenas. Casi nomas pasa una mosca y ponen una música de corte épico.

Ahora bien, el montaje emotivo que tanto alabamos de las producciones turcas de Ay Yapim (¿Qué Culpa Tiene Fatmagül? , Amor Prohibido y Amor Eterno) aquí se desborda sin control. El ritmo de Saras y Kumud es s-o-p-o-r-í-f-e-r-o. No hay mesura en el tiempo para las tomas y pareciera que alargan cada escena. Si tan solo una mirada de amor puede llegar a durar casi un minuto imagínense a los protagonistas realizando otras actividades. Tache para la edición.

Saras y Kumud ha sido una telenovela como la turca Elif que aunque tienen muchos puntos de guion y producción en contra, han logrado captar un buen número de seguidores en toda Latinoamérica.

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