El César boxea en las audiencias abiertas de hoy

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Introducción

La serie El César sobre la vida de la estrella mexicana del boxeo Julio César Chávez, estrenada en México por Azteca Uno en su horario estelar, en comparación con su competencia en Las Estrellas, Por Amar sin Ley, es casi como el Mad Men mexicano en términos de calidad de producción e interpretación.

Su trabajo dramatúrgico en lo general es bien logrado y hay estructura y lógica (poco común en las producciones nacionales que vemos hoy al aire), así como verosimilitud en ambientación y caracterización. El trabajo de su protagonista Armando Hernández es sobresaliente tanto como el resto de su cuadro de actores. En este casting sí hay actores en perfil actuando (gracias, Dios), no el club de amigos faranduleros del productor.

La producción de Disney-BTF Media-TV Azteca se cuece porque evidencia un esmero en llevar calidad a la pantalla y no una absurda austeridad que impide la verdad escénica.

Ahora bien, si la factura es de buena calidad ¿por qué entonces una serie como El César no ha logrado la primera sintonía de audiencia ni en Estados Unidos ni en México? Invito a considerar las siguientes variables para no caer en reduccionismos estériles como “al público no le gustó” que extravían a la industria de la actualidad.

Programación: pequeños grandes detalles

Por su propuesta, El César debió programarse en fin de semana y no en emisión diaria en horario de telenovela. Tal y como sucedió con Hasta Que Te Conocí (2016), que si bien es cierto que la inesperada muerte de Juan Gabriel levantó el rating de los episodios finales, sería injusto no reconocer los méritos de aquella producción que se posicionó como EL referente. La frecuencia de los capítulos implica otra forma de consumo.

El César sólo tiene 26 episodios: si se enganchan las audiencias tradicionales, problema para fidelizar con lo que viene (sólo mes y medio al aire) y si se pretende atraer targets nuevos, los ejecutivos no advierten la falta de credibilidad de la televisión abierta que también le pega a Azteca Uno que además viene de títulos fallidos como La Fiscal de Hierro, Nada Personal y Las Malcriadas. Producciones que, lo siento, exponen un abismo de diferencia en calidad con El César. Si ésta hubiera hecho ruido para cuando las nuevas audiencias pretendieran sintonizarla, o la encontraban a la mitad o por el final. Flaco favor. En todo caso era construir a partir de Hasta Que Te Conocí para arriba. Lástima, no lo hicieron.

Hay decisiones que si los escritores no las advierten, los productores y ejecutivos están obligados a hacerlo. El ritmo narrativo (no la calidad) de la serie en cuestión es más apto para un canal de cable o una plataforma OTT que para una señal abierta del 2017-18. Por hábitos, las audiencias latinas, aunque más demandantes y con más opciones, son más sensibles a disponer de un nivel de atención diferente en fin de semana. Si la publicidad apuesta por un sentido de acontecimiento (show) en vez de una ficción diaria, ahí tienen oportunidad.

El ring de la vida: decisiones dramatúrgicas y de producción

Si lo que nos están proponiendo es la historia de un boxeador excepcional, narrativamente (no gráficamente) en pantalla tenemos que ver: expectación, bullicio, la gran arena a reventar, golpes (de los que se sienten), velocidad, campana, gritos, gancho al hígado, repliegue, golpe, campana, se van a esquinas (tensa calma), campana, más golpes, heridas, sangre, expresiones del público, cae a la lona, se levanta, sudor, campana, esquinas, dudas, campana, knock out, tambalea, el cuerpo que se debate, knock out fulminante, alaridos, triunfo avasallador y éxtasis. Todo ello desde el primer capítulo. Traduzcamos en positivo la repercusión (en rating) de los balazos y persecuciones como las de El Señor de los Cielos en las franjas nocturnas diarias en Estados Unidos, por ejemplo.

Se necesitaba, en metáfora dramática, llevar a este personaje a un combate al límite dentro del ring de la vida. Recordemos la exitosa saga Rocky (1976-2015) e incluso el estupendo filme Warrior (2011). Se demanda ESPECTÁCULO de alta intensidad, del bueno: lo exige esta historia tanto como lo que lograban las épicas en vivo del Julio César Chávez de la vida real. Hoja de muestra la mítica pelea de 1993 en la que le destrozó la boca a Greg Haugen ante un atiborrado Estadio Azteca que exigía la restitución de la dignidad nacional en guantes del sonorense.

La serie es correcta pero no logra ese nivel de emoción. Vemos al Julio César doméstico que alterna con la grandilocuencia de sus triunfos, pero la audiencia quizá esperaba encontrar también al Julio César de la epopeya (con hervida sangre latina) y éste no aparece en esos términos por decisiones de guion, producción y edición. La pelea está en escena, faltó la campal con un knock out de paroxismo dramático.

Si deseamos aprender con franqueza, el combate de El César en las pantallas hispanas nos alecciona para lo que viene en la industria de la televisión.

Cortesía de: www.tvandshow.com

Twitter: Daniel Lares
Blog: Daniel Lares

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1 Comentario

  1. Mylescars dice:

    Pero si reconosco que Fernando Vargas fue muy buen boxeador a mi me gustaba mucho su estilo y su valentia, yo soy Puertorriqueño pero soy muy fanatico a los boxeadores mexicanos porque son guerreros, el unico boxeador que no me gusta es margarito y fue por lo del yeso, pero me gusta Juan Manuel Marquez por su inteligencia para boxear y valentia y es muy humilde. custom writing

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