El galán del siglo XX: Rogelio Guerra (1936-2018)

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Los galanes del siglo XXI y Rogelio Guerra

¿Cómo saber que el galán de la telenovela es el adecuado para poder trascender más allá de las emociones espontáneas? Ese hombre es aquel que cuando sea primer actor será respetado, que cuando ya no sea el del crédito principal seguirá luchando para que sus letras luzcan en oro y por sus características tablas actorales se reconocerá que es un grande en teatro, cine y televisión.

En el siglo XXI, en especial con la década que inició en 2010, con la apertura de redes sociales es muy fácil conocer las opiniones de la gente y por lo tanto es lo más sencillo del mundo enaltecer a diversos actores con buen cuerpo, cara bonita y actuaciones de cumplidoras a malas. Con sólo las dos primeras características es tan cómico encontrarse con el clásico comentario de “es un gran actor” cuando ni siquiera ha hecho ni teatro, ni se sigue preparando y sólo espera a que el director de casting o el productor más influyente lo llame y lo siente a representar un plano personaje en más de cuatro o cinco meses.

Como el caso anterior hay una lista de nombres lo que le sigue de completa. La gente debe entender la polémica que sucedió hace semanas, los “grandes actores” que ellos califican y que tienen menos de 40 años (hasta les dan ese título cuando tienen menos de 30), no pueden tener ese puesto con tan poca experiencia. Para grandes actores solo nombres como Rogelio Guerra y María Rubio.

Por supuesto que, hay actores que tienen menos de 40 años o incluso hasta muchísimo más jóvenes que son geniales y excelentes pero hasta ellos mismos saben que ser actor representa muchos retos, versatilidad, constancia, estudios, teatro, etc. No simplemente es sentarse y poner la cara bonita complementada con la estética de filtros y maquillaje discreto.

Que esta introducción sirva de ejemplo para poder ilustrar a lo que fue Rogelio Guerra en la televisión mexicana. Él fue un galán como vemos en las telenovelas de hoy en día, no siempre fue aquel rostro potente con cabello blanco que vimos en sus últimas participaciones. Todos los grandes actores fueron jóvenes alguna vez y él logró trascender al convertirse en el galán del siglo XX.

Más allá de los estereotipos de la época

Catalogado principalmente como un clásico actor de westerns a la mexicana, los rasgos faciales de Guerra lograron que tuviera una gama muy interesante de personajes. En su trayectoria fue de personajes secundarios a más importantes, incluso en películas. Un ejemplo de ello es en la segunda película del personaje de María Isabel creado por Yolanda Vargas Dulché, El Amor de María Isabel (1970) se le observó haciendo un personaje menor.

La década de los años 70 llegó y cuando esto sucedió, Guerra ya tenía en su currículum una gama interesante de experiencia en cine, teatro y televisión, por lo tanto su era en las pantallas de televisión se concretó y terminó ganando.

En Ha Llegado una Intrusa (1974) fue el capataz de una hacienda y en Lo Imperdonable (1975) compartió escenas románticas con la gran diva Amparo Rivelles. Se le pudo haber catalogado como un galán maduro, incluso por su tono de voz, sin embargo, tal como mencioné antes, sus rasgos físicos y su complexión podían hacer que se desenvolviera en distintos tipos de papeles.

Recordemos que para 1978 no había redes sociales, ni Wikipedia y sí dos productores magnos como Valentín Pimstein y Ernesto Alonso en constante competencia. También había una clara inocencia en el público para poder observar sin tanto juicio la edad de los actores en personajes más jóvenes de los que tendrían que representar. Lo que ayudaba a la credibilidad de un actor de treinta años haciendo el personaje un joven de 24 o 25, era que antes había directores de escena por demás de estrictos, actores que realmente eran actores y una buena conjugación de producción que aun siendo bastante sencilla, rebasan por mucho a tantas locaciones acartonadas de pleno 2018.

Antes había un alma más sólida y un compromiso por el trabajo, es por eso que a Rogelio Guerra e Irán Eory les puedes creer que sí son una pareja joven y bien conformada en Doménica Montero (1978) en contraste con la de Fernando Colunga y Lucero en Soy Tu Dueña (2010). Hay una diferencia abismal.

La oportunidad de oro llegaría para el actor en 1979 cuando estelarizó la mega exitosa Los Ricos También Lloran a lado de Verónica Castro y ahí la química fue más que brutal. ¿Qué tiene de compleja la pareja de una telenovela rosa como muchas otras? Que la dignidad del proyecto fue tan tremenda desde un título que causó polémica en su tiempo, unos actores de renombre, un lanzamiento femenino afortunado y una producción impecable. La cereza del pastel aparte del característico gran ángel de Castro fue la gallardía de Guerra, sus miradas, suspiros, reflexiones, enfoques, expresiones faciales y modulación de la voz. Estamos hablando de un actor que sí se supo construir un personaje y que trascendió fronteras como Luis Alberto Salvatierra.

Madurar con dignidad

Para Rogelio Guerra pudo ser por demás fácil seguirla haciendo de jovencito en sus siguientes telenovelas pero él dio una lección que aparte es una cachetada con guante blanco para los actores contemporáneos: supo seguir actuando con dignidad. Mientras que en Vanessa (1982) pudo ser un junior nuevamente, aquí él entró en el rol antagónico y es en este instante donde él se despide de la faceta de galán joven para evolucionar a galán maduro.

Si observamos bien, ya los siguientes personajes de Guerra no fueron del universitario rebelde, del locochón, de la ridiculez extrema del cuarentón fingiendo ser veinte años menor, no, acompañado por Pimstein y demás productores se encargaron de que sus personajes fueran acorde a su edad sin dejar de levantar suspiros entre las fanáticas del público. Así lo vimos en Amalia Batista (1983), Vivir Un Poco (1985) y Ángeles Blancos (1990), además de que no descartó hacer personajes secundarios.

El padre de los villanos de la televisora del Ajusco

A raíz de la nueva competencia televisiva, TV Azteca se posicionó en la mira de la crítica y el público con la producción de Argos TV, Nada Personal (1996), la cual se destacó por tener actores de sumo renombre en la producción como Ana Colchero y Lupita Ferrer, complementando el cuadro, Rogelio Guerra también entró al ruedo y en su versatilidad exploró otro tipo de campo más realista.

Ya entrado en su madurez como primer actor, Guerra logró que Fernando “Águila Real” se convirtiera en el más célebre villano masculino que ha tenido la televisora del Ajusco. Su interpretación fue inolvidable y dejó huella como un mafioso ambicioso y desalmado, hambriento de poder.

Su interpretación bien puede quedar descrita de tal forma como a otros grandes villanos de las telenovelas, tal como Catalina Creel (María Rubio) de Cuna de Lobos. Después siguieron otros proyectos más como Azul Tequila (1998) y Golpe Bajo (2000), hasta su polémica salida y conflicto legal con la empresa.

El retorno y el nombre: la conclusión a todo

Guerra se caracterizó por darle voz a muchos personajes reconocidos en el arte del doblaje desde actores de suma importancia como Peter O´Toole y Bernard Hill, hasta papeles entrañables como “El Señor Conejo” de Mansión Foster para Amigos Imaginarios.

Tras su retorno a Televisa en 2008, ante las limitadas telenovelas que se manejaron, el primer actor realizó desde unos enigmáticos gemelos en Mañana es Para Siempre hasta personajes muy menores en sus siguientes papeles, sin embargo, ya visto como un hombre respetado por el medio y por el público.

Tras su retiro y fallecimiento, es triste en mi perspectiva, no observar que la empresa se haya esmerado en que sus personajes fueran igual de resaltantes como el que hizo en su regreso o a muchos más que desencadenó desde joven. Que sea un reclamo para los productores de las telenovelas mexicanas actuales, las producciones deben de ser a la talla de estas grandes personalidades que dieron su vida en el escenario, no dejarlos de extras o en el papel más de relleno que se encontraron.

La conclusión radica en la forma en cómo un actor va evolucionando. Guerra se desarrolló de un actor joven a uno maduro y de uno maduro a uno grande, por lo que me pregunto, qué otras “estrellas” con sus muy malos desempeños actorales, estancamientos y pesimismo escénico, ¿van a tener ese mismo respeto y reconocimiento como el que él tuvo hasta sus últimos días? Por eso duele una ida como la de Rogelio Guerra, puesto que a personas tan entregadas como él, tal parece que nunca las volveremos a ver. Ojalá alguien marque la diferencia como él la hizo en su tiempo. Que en paz descanse.

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