María Magdalena, la Mejor Telenovela/Serienovela del año en opinión de Ángel Adm

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Introducción

Muchos pensarían que para estar entre los “Mejores” las producciones debieron contar con inalcanzables números de rating, no tener graves problemas en su transmisión o ser parte de proyectos ambiciosos y banales como la Fábrica de Sueños, sin embargo en este año se consolidaron las coproducciones.

En el artículo pasado lo describía con Hernán que era una producción de Dopamine y Onza Enterteinment para TV Azteca y Amazon Prime. En esta ocasión Dopamine junto a Sony Pictures Television dieron el paso a la telenovela bíblica María Magdalena protagonizada por María Fernanda Yépez, Manolo Cardona y Luis Roberto Guzmán.

Tomar pasajes bíblicos y los datos de investigación de quien fue la legendaria María Magdalena fue adentrarse a una valentía digna de admiración.

El melodrama filosófico

Hace un año la Mejor Telenovela/Serienovela que existió en el listado fue Amar a Muerte, aquella que jugó con el realismo mágico, la vanguardia, el narcotráfico y el melodrama de una manera interesante y potente, una cuestión muy poco visualizada en décadas. Esta vez le toca el puesto de sucederla a María Magdalena.

Hablar de María Magdalena aún en fechas como éstas es sumamente delicado ¿por qué? Porque con ella se tocan dos temas muy polemizados: la prostitución y la religión. Años enteros, en películas, especiales o seriados, nos la pintaban como una mujer ejerciendo el oficio más antiguo del mundo, agradecida con Jesús por mostrarle una perspectiva distinta de la vida, al grado de querer acompañarlo a todo lugar donde fuera. Aquí se rompe eso.

En esta telenovela la protagonista no es vista como una prostituta que está por placer ejerciendo, ni una mujer que de un día a otro cambia sus ideales al conocer a un hombre, por el contrario, era una muchacha de familia bien acomodada, culta y leída en un mundo donde la mujer no tenía ni voz ni voto. El género femenino en la serienovela es visto como exclusivo para la procreación, está a un nivel tan bajo como los animales. Las únicas mujeres que no eran tan rebajadas, eran las que tenían puestos altos pero tampoco tenían un poder tan soberano como los hombres y en ellas caía la reputación de cada uno, tal como lo vimos en los casos de Herodías (Diana Lein), Salomé (Dannielle Arciniegas) y Prócula (Susana Torres).

Es una historia de superación, de reencuentro, de reflexión y por supuesto, de amor en sus distintas vertientes. ¡Aquí hay un choque de mundos: Romanos vs Judíos! María Magdalena nos muestra que el mundo de alguna u otra forma siempre se ha mantenido en constante divisiones de bandos, olvidando que todos son seres humanos. Jesús el Profeta (Manolo Cardona) se da cuenta de la situación y lucha por la unión, los valores y el respeto a las Santas Escrituras dejadas a un lado.

Por otro lado tenemos a un ser totalmente opuesto a Jesús y se trata de Cayo Valerio (Luis Roberto Guzmán). A ambos los une su repudio a las fronteras y el no poder amar en bandos distintos, sólo que a diferencia de El Profeta, él lo hace de una forma más egoísta. Está basado en la historia de Cleopatra y Julio César, para ejercer su ideal sobre María Magdalena (María Fernanda Yepez) y conquistarla bajo un amor codependiente y obsesivo. La ama porque es diferente al resto, la quiere porque es inteligente y astuta, la desea porque es atractiva pero siempre chocará con sus ideales judíos. Debido a su reputación y estatus, la única forma de tenerla a su lado es como una concubina o esclava siempre custodiada.

Este triángulo amoroso, ¡Ojo! Porque realmente lo es, nos mueve de un lado a otro en los 60 capítulos de la historia. María Magdalena los ve a los dos como sus salvadores pero en distintas perspectivas, desarrolla sentimientos amorosos y aprende con las ideas de cada uno, sin embargo, con uno es el amor en contacto y el otro en hechos.

Evidentemente existe un estigma de censura religiosa y aún no mostrarán un acercamiento físico de María Magdalena y Jesús pero nos enseñan que se puede amar sin llegar al estereotipo común y bien visto por la sociedad, sino a uno desinteresado y lleno de lealtad.

En esta historia los personajes chocan constantemente consigo mismos. María Magdalena defiende su voluntad como mujer pero un tiempo no le gusta ser judía, a Cayo Valerio por momentos no le gusta ser romano y a Jesús no le gusta la idea de ser “El Profeta”, pero los tres van por ese camino, porque saben que es su objetivo de vida y tienen que darle una significancia.

¡Es sin duda la serienovela de mayor reflexión filosófica que he visto en mucho tiempo! Ya no jugamos a ser románticos y vivir en eternos cuentos de hadas sin profundidad, aquí es todo lo contrario, nos podemos pasar entretenidos viendo peleas, enredos, incendios, muertes y milagros pero en una enseñanza neutra y humanista. Un aplauso al guion de Lina Uribe, Darío Venegas, Jacqueline Vargas, Marcela Rodríguez y Jacques Bonnavent.

¡Que vestuario, locaciones y producción! Todo estuvo perfectamente adecuado, las recreaciones se ganaron mi respeto y no aburrían ni cansaban, eran escenarios totalmente variados.

¡Qué villanos! Mis aplausos para Diana Lein (Herodías), César Mora (Herodes), Lucho Velasco (Poncio Pilatos), Claudio Cataño (Ur), Francisco “Pakey” Vázquez (Barrabás), Valeria Galviz (Claudia), Julio Sánchez Coccaro (Anás) y Juan Carlos Vargas (Caifas), cada uno con un estilo, una historia por contar, con miedos pero sumamente destructivos. Ellos fueron los demonios que llevaron a los protagonistas por laberintos con salidas lejanas y poco visibles.

¡Vimos a un Judas Iscariote como nunca antes lo habíamos visto! Siempre hemos estado acostumbrados a verlo como una figura antagónica, “el traidor” pero esta producción hizo lo impensable: empatizar con él. Un hombre con una vida muy triste, traumado por su mentor Anás, con quien se da a entender que tuvo una relación homosexual. Vive con el recuerdo de su madre prostituta y su hermano delincuente. En María Magdalena y Jesús ve a lo que él suponía como lejano “alguien de quien enamorarse y formar a una familia” con la primera y “a un amigo que confiara en él” como el segundo. Judas fue de los personajes mejor construidos en la interpretación del actor Juan Sebastián Calero.

Un elenco colombiano-mexicano perfectamente armado que me pasaría todo el artículo hablando de la importancia de cada uno de los personajes pero fueron maravillosos. Un aplauso de pie a la dirección escénica de Rodrigo Lalinde.

Como en cada historia, encontramos sus contrastes y en ocasiones se hacía muy inverosímil la descoordinación de acentos entre los actores sin llegar a un punto neutro.

El lenguaje que se empleó en la historia no remonta a una trama de época, careció de modismos pero muchas veces nos hacía sentir más en la actualidad que en una era muy remota, quizá por el mismo desconocimiento de las palabras o dicciones que se usaban en aquel entonces.

Ni hablar del bochornoso episodio del maltrato a esta producción en su transmisión por televisión en la fallida gestión de Alberto Ciurana. En un artículo pasado, expreso este descontento. Afortunadamente Netflix logró salvar a esta historia del olvido.

Finalizando este artículo, razones de sobra tiene para ser la mejor y uno de los diamantes de esta década. ¡Felicito a los tres protagonistas por crear a tres de los mejores personajes que han representado en sus trayectorias! ¡Felicito a la producción y a los guionistas por saber arriesgarse! ¡Espero que el tiempo le dé a esta producción el lugar que merece!

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