La telenovela está más viva que nunca

la telenovela vive

Un género que no se respeta

Muchos han declarado a la telenovela como un género muerto, anticuado y sin mayor atractivo genérico en el presente. Un género que ya ha desgastado al máximo sus cualidades e impacto. Los dueños y señores en las televisoras/networks y plataformas/OTTs son ahora las series y teleseries. Sin embargo, la verdad es que las telenovelas aún reinan -muchas de ellas se hacen pasar por teleseries (léase la clasificación en IMDb)- escudándose bajo el pretexto de que no pasan diario o de que su protagonista es ahora un hombre y no una mujer o de que se enfatiza más en ella la acción que el romance.

El género no ha muerto, simplemente ya no se le respeta ni en su formato ni en su estructura, los cuales tienen como quintaesencia al melodrama. Seamos serios en este sentido: un melodrama no necesariamente implica tener una historia cursi y lacrimógena de amor. Existen grandes clásicos como Madame Bovary, Anna Karenina, Casa de Muñecas, todas las obras de Jane Austen y tantas otras más que son el origen de las telenovelas.

Y bueno, si quisiéramos atrevernos a ir más allá, podríamos alegar que su verdadero origen está en los cuentos clásicos de La Cenicienta, Caperucita Roja, El Patito Feo y tantos otros venidos de infinidad de naciones y culturas. La Biblia misma contiene historias profundamente melodramáticas.

Pero no es al género sino a su ejecución a la cual habría que culpar. Actualizar al género es una obligación, lo cual NO significa que para hacerlo, un escritor(es) tenga que “reinventarlo” de tal forma que solo termine en un intento fallido.

Los personajes deben tener su historia

Cuando se le da preferencia a la acción y a las espectaculares vueltas de tuerca, se nos olvida un elemento crucial: desarrollar el bagaje particular de cada personaje. Sin una historia personal que los respalde, no hay manera de que podamos entenderlos, saber quiénes son, cómo y por qué sienten lo que sienten, cuáles y por qué se dan las relaciones entre ellos y consigo mismos, así como con personajes ajenos a la trama principal.

Y no estoy diciendo que tengamos que ver su pasado, a lo que nos referimos es a la necesidad de acentuar visualmente detalles durante su interacción entre ellos, así como en su quehacer diario, en los momentos en que se enfrentan a situaciones que se antojan imposibles y a sus conflictos.

Una imagen nos permite percibir de manera más lúcida, más emotiva, lo que los personajes sienten, desean, más que ningún diálogo. Los diálogos narrativos (no es radio) no reflejarán jamás esa intensidad, sus más hondas penas y dolor, su necesidad por brillar -lo que sea que esto signifique y/o implique.
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El melodrama es cosmopolita

México y Argentina solían ser los reyes del melodrama, de las telenovelas. Y, siendo honestos, muchas de las telenovelas mexicanas más exitosas eran remakes de historias argentinas y venezolanas, pero, ey, ¡qué bien sabíamos hacerlos y nos quedaban los remakes! Eran versiones tan poderosas, tan impactantes e íntimas, tan empáticas que llegaban a superar a las originales.

Luego, Colombia comenzó a emerger, aunque, a veces, sin la finura de las versiones mexicanas y argentinas, sobre todo porque nunca les ha importado usar el llamado “lenguaje neutro”, un español que pueda ser entendido por cualquier cultura de origen hispana. Sí, Español, que, al igual que el Inglés y el Chino, tienen distintas variantes, muchas influenciadas por el lenguaje de los nativos de los terrenos conquistados. Personalmente, confieso que me ha costado trabajo trabajar para Colombia, y bueno, ¡para Bolivia!

Y si hablamos de interactuar con los españoles, las cosas se pueden complicar. Mexicanos y argentinos batallamos a veces para conectar con sus audiencias. Y ni hablar de Estados Unidos. Vivir en Miami es la mejor manera de experimentar lo complicado que puede ser a veces entenderse entre ciudadanos de diversos países. Cuando viví y trabajé ahí, ¡terminé hablando en inglés! De otra forma, los cubanos no me contestaban por ser mexicana, y de todas formas, hablándoles en inglés, me respondían en Spanglish… OJO: igual tuve muy mala suerte porque tengo amigos cubanos adorables. Con todo, a veces, nuestro acento, nuestro particular español puede convertirse en algo en nuestra contra.

Los ratings siguen siendo altos

Pero bueno, estoy desviándome del tema. El punto es que la telenovela no está ni estará muerta. Los ratings ratifican este hecho. Brasil reina contándonos historias bíblicas en formato de melodrama. Y si queremos recuperar lo que era nuestro reino y arrebatárselo a los turcos y coreanos, necesitamos respetar la estructura básica del género y de su formato, reglas simples.

De entrada, antes de intentar escribir una siendo creativo, un innovador, hay que aprender cómo escribir un clásico -hay maestros excelentes, mentores, editores-, y ya que se sepa hacerlo (no teóricamente sino en la práctica), entonces juguemos con el género, mezclémoslo con otros, agreguemos nuevos elementos, probemos cosas.

José Ignacio Cabrujas (La Dueña-Venezuela) fue un gran innovador como lo han sido Ibsen Martínez (Por Estas Calles), Fernanda Villeli, Marissa Garrido, Caridad Bravo Adams, Delia Fiallo, Eric Vonn, Cuauhtémoc Blanco, Carmelita Peña y Carlos Romero (uno de los mejores adaptadores de todos tiempos), por mencionar solo algunos. Todos fueron y aún son y siguen siendo grandes innovadores del género.

Larga vida a la telenovela

La Telenovela está vivita y coleando, respetémosla. Así deben empezar los escritores, los directores -otro grupo que suele despreciar el género e incluso sentirse avergonzado cuando vienen del cine porque ellos son “artistas”-, así como los productores.

Si su objetivo es escribir series para plataformas, háganlo y dejen a aquellos que saben hacerlo y sobre todo que aman al género, escribirlas, dirigirlas y/o producirlas. Y algo más, ¿adivinen qué? Netflix tiene telenovelas como parte de su oferta, colombianas, argentinas, americanas, turcas, de Estados Unidos, coreanas… Y La Casa de las Flores así como Luis Miguel, La Serie, en el fondo, siguen la estructura de una telenovela, de un melodrama. ¡Dios salve a la Reina! ¡Que viva la Telenovela!

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