Marissa Garrido, una escritora entregada

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Una pionera que se nos va

Nos enteramos el viernes 8 de enero del fallecimiento de una de las más grandes exponentes de la teledramaturgia mexicana, Marissa Garrido, pionera de la televisión y del melodrama.

Recuerdo cuando mostré mi indignación tras del deceso de la autora María Zarattini y aquí sucede algo bastante similar que diré en las últimas líneas.

Primeramente, vamos a recordarla como una de las autoras más apasionadas y profesionales. Mujer que no se quedaba quieta, por el contrario, exploró muchos más campos que aquella Televisa de los años 60 y lo mejor, era una autora que se actualizaba constantemente.

Su paso como una pionera

La escritora, antes de centrarse en el mundo telenovelero, fue una guionista de radionovelas y actriz recurrente. Llegó de una familia de artistas y aunque era un campo muy pesado en ese entonces, logró cumplir su sueño de adentrarse más allá.

De los cincuenta, llegando a los sesenta, El Conflicto (1960) se volvió la telenovela que le abrió paso a muchas más.

Garrido se convirtió en una de las principales guionistas de Ernesto Alonso e incluso se atrevió a ir con tramas fuertes, que desafortunadamente, más tarde fueron víctimas cruciales de la censura.

Para esos tiempos las telenovelas eran experimentos, formas de entretener, pero de una manera bastante realista y cruda. Eran muy adelantadas a su época y en ellas se veía un empoderamiento femenino temprano, aunque de una manera antagónica o seria y el hombre tenía un estigma de debilidad.

Aliada de distintos productores

La Leona (1961), considerada como una de las mejores telenovelas de aquella década, lanzó al estrellato a Amparo Rivelles como figura reina del nuevo género. La protagonista pasa de la abnegación a la fuerza y de la actuación al canto. La trama de aquella madre sufrida por dentro, quien sólo se doblegaba con la hija y desafiaba al padre villano, interpretado por Guillermo Murray, agradó bastante. Sin embargo, fue de las últimas telenovelas que tenían un argumento destacado en el sentido de una sociedad femenina vs masculina.

Aun así, la autora continuó con la alianza con Ernesto Alonso y también con Valentín Pimstein. Fungió como asesora de escritores nacientes y así como a la señora Rivelles, les dio su oportunidad a más personalidades para brillar.

Muchas veces las ideas eran aportadas por Alonso y ella las traducía en historias, en conjunto con él y el director de escena en cuestión.

Tal es el caso de la telenovela Las Gemelas (1961), en la que hizo lucir a Beatriz Aguirre con los personajes de Paula y Amelia. Pocos años más tarde, su hermana, Amparo Garrido se encargó de adaptarla con total respeto para la versión de 1972 estelarizada por Maricruz Olivier. Al parecer su telenovela Puente de Amor (1968) con Angélica María también tuvo influencias del mismo argumento.

Argumentista versátil

Marissa Garrido se adentró al género histórico con La Tierra (1973), volvió a enaltecer la liberación femenina con las chicas trabajadoras de Paloma (1975), y desarrolló fuertes dramas de constantes riñas de protagonista y villana en Ha Llegado una Intrusa (1974) y Barata de Primavera (1975). De esta última, se pudo haber estrenado su retransmisión en esta misma semana, pero por diversos motivos se postergó.

Curiosamente, Garrido fue la primera escritora en crear una antagonista que no fue odiada por el público, sino amada. Aprovechando el carisma de Verónica Castro en Barata de Primavera, se dio uno de los primeros casos donde la villana estaba opacando a la protagonista de la telenovela. Desafortunadamente, los lineamientos de la época no la hicieron llegar más lejos, exigiéndole matar a su personaje.

Ella no siempre escribió sola, también lo hizo a lado de otra escritora a la que admiro mucho: Fernanda Villeli. Entre ambas se mostró una faceta interesante que dejaba a Garrido como una mujer que también podría crear personajes oscuros y finales que no siempre eran positivos, sino trágicos, tal como el caso de Entre Brumas (1973) con Chela Castro, Ricardo Blume y Macaria. Años más tarde reescribirían un remake titulado Amor Ajeno (1983).

Personajes inolvidables

Otra telenovela que marcó a la dupla de autoras a mitad de la década fue Mundos Opuestos (1975). La trama era sobre un empresario viudo que sorteaba las mentiras de su hijo y fijaba sus ojos en una jovencita. Las autoras lograron hacer que la imagen de Ernesto Alonso como intérprete se revalorizara y el televidente empezara a concentrar su atención en una actriz como Lucía Méndez, quien posteriormente, se volvería una de las grandes intérpretes de los melodramas.

El dúo creó telenovelas que ya se alejaban un poco más de la moral convencional, con las bases del melodrama clásico en personajes más realistas y ruines, tal es el caso de la madre manipuladora hecha por Carmen Montejo en Pecado de Amor (1978).

También se encargaron de despedir a una grande como Amparo Rivelles en Pasiones Encendidas (1978) y a la vez, darle un rol juvenil estelar a Verónica Castro.

Hay una viñeta muy recordada en la entrada de la telenovela Yara (1979), en la que Angélica María y Aurora Clavel, interpretando, en la inocencia de aquella época, a un par de lacandonas que intentaban cruzar con dificultad una calle de la Ciudad de México, sorteando a los automóviles. La autora recuerda bien este detalle como emblema de su historia y también aquí jugamos con el género rosa, aunque ejecutado de una forma más humana.

Cabe mencionar que sus telenovelas también tuvieron múltiples adaptaciones en la cadena SBT de Brasil.

La modernización de una autora

Podríamos juzgar de la gente que va avanzando en edad, el hecho de no actualizarse constantemente y quedarse estancados. Ese no fue el caso de Marissa Garrido. Es más fácil que los autores de años recientes tengan un fuerte estancamiento, a como lo era antes, igual por la época.

Por aquellos años, los directivos, en especial Emilio Azcárraga Milmo, se dieron cuenta de que la audiencia debía ser impactada con mecanismos nuevos que se fueran ajustando más a la similitud de los contenidos estadounidenses.

La era de los ochenta fue una buena época para Marissa ya que fueron tres títulos los que la catapultaron como una escritora en constante innovación.

Angélica

Angélica (1985), producida por Ernesto Alonso y protagonizada por Érika Buenfil, Sergio Goyri y Alejandro Camacho, nos habló perfectamente de la aceptación hacia el sentimiento del amor en el que confiaba su escritora. En esta historia también se dio el lujo de hacer deconstrucciones como en sus anteriores trabajos. En este caso, se apostó por matar a la protagonista de una forma inesperada y fuerte para el televidente.

Tras Angélica, Érika Buenfil se convirtió más adelante en el prototipo de la estelar sufrida a la que asesinaron varias veces, como en la primera etapa de Amor en Silencio (1988) y en Tres Mujeres (1999).

Encadenados

Encadenados (1988) fue una buena combinación de factores, entre ellos el productor Ernesto Alonso, la guionista Marissa Garrido y los protagonistas Christian Bach y Humberto Zurita. Esta telenovela se volvió muy polémica en su momento, al presentar un erotismo más candente que en producciones anteriores. Nuevamente fueron contra la censura en una época mucho más limitada que hoy en día. Se trataba de una historia original que tomó de base a la novela de Emily Brönte, Cumbres Borrascosas.

Pasión y Poder

Finalmente, el título que en mi opinión la consolidó fue Pasión y Poder (1988), producida por Carlos Sotomayor. Televisa tuvo ganas de crear su propia Dallas o Dynasty, dos famosas series norteamericanas que jugaban con el rol de las familias poderosas y sus conflictos.

Repito, hablamos de una era en que no había contenidos polémicos como hoy en día, sólo podríamos aprovecharnos del género melodramático. Es por ello que en Pasión y Poder, por primera vez, vemos a un travesti, interpretado por Juan Carlos Muñoz. Este papel era un asesino a sueldo que mataba por órdenes del villano principal, Eladio Gómez Luna, que inmortalizó Enrique Rocha, uno de los antagonistas más recordados, desalmados y crueles del género.

La escritora también se dio el lujo de readaptar sus propios trabajos, convirtiendo a La Leona en Una Mujer Marcada (1979) y Ha Llegado una Intrusa en Vida Robada (1991).

Otros horizontes

En TV Azteca su camino fue muy corto, pero creó una telenovela experimental llamada Besos Robados (1999). Esta historia fue protagonizada por Fernando Allende, Margarita Gralia y Salvador Pineda. Sus temas estaban muy ligados a los fraudes y secretos de Pasión y Poder, más otros temas de drogas y estupefacientes.

La pluma de Garrido no solo fue responsable de telenovelas. En los albores del nuevo siglo se encargó de armar la serie Lo Que Callamos las Mujeres junto con Vittoria Zarattini y Jesús Calzada. Marissa fue quien definió el estilo y nivel de los contenidos, Zarattini la galería de los conflictos a exponer y Calzada el formato de la serie. En TV Azteca elllos recibieron todo el apoyo de la productora Elisa Salinas hasta que Ricardo Salinas Pliego llegó a la presidencia de producción de Azteca Digital.

Después de mucho tiempo en la banca, a sus 92 años fue llamada a la producción de Roberto Gómez Fernández de 2018, La Jefa del Campeón. Eso es algo que aplaudí fuertemente. La adaptación en colaboración con Ximena Suárez fue más seria a su original. En ella reunía todos esos ingredientes que inmortalizaron a su autora: la liberación femenina y resalte a su protagonista, y los personajes pintorescos y profundos como los contemplábamos en Paloma. Se podría decir que el cierre de su vida fue digno en cuestión de trabajos.

Descontentos y respeto

Francamente lo debo decir. A la señora Marissa Garrido se le debe recordar como una mujer fuerte, trabajadora y entregada.

Muchos años, tengo entendido, la tuvieron en la banca, escribiendo originales y adaptaciones que nunca vieron la luz. Varios deducimos, que estando ella en Televisa, era la autora más idónea para reescribir su clásico, Pasión y Poder, en la adaptación de ese 2015.

Los ejecutivos prefirieron gastar en producciones fracasadas o cosas horrendas para jalar rating fácil. Ocuparon a pésimos guionistas y pésimos productores, en lugar de darle un espacio a autores experimentados como la señora Garrido o María Zarattini.

Miren el desastre que hicieron cuando intentaron readaptar sus trabajos. Así sufrimos insultos como Amor de Barrio (2015) y las dos horrendas versiones de Pasión y Poder, Mundo de Fieras (2006) y su homónima tan criticada del 2015. En ese año arrasó en mis tops a lo peor.

Nuevamente considero que Televisa tiene un estigma con la gente mayor y ojalá eso pueda corregirse con el tiempo.

Lo repito de igual forma como en el artículo dedicado a María Zarattini. Ellas fueron grandes creadoras de estrellas, dieron toda su vida y entregaron su esfuerzo para la formación de una Televisa consolidada. Lamentablemente fue en México y no en algún otro país donde pudieron haberles hecho célebres homenajes.

Se nos va una grande que quizá tenía mucho más que decirnos, pese a su longeva edad. La gigante Marissa Garrido, que en paz descanse.

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