Lo bueno y lo malo de Imperio de Mentiras en opinión de Ángel Adm

Introducción

 Este domingo finalizó Imperio de Mentiras, telenovela protagonizada por Angelique Boyer y Andrés Palacios. Fue la segunda macroproducción de Giselle González, después de su desatino en Cuna de Lobos. La historia es un remake de la serienovela turca, Dinero Sucio y Amor (Kara Para Aşk).

¿Qué decir? Es una historia muy interesante, pero no totalmente rescatable. Lo digo por lo ocurrido en una tercera parte de su transmisión, añadida con otros defectos más. Para entender bien lo que sucedió, podría recurrir a lo tan delicado que es tratar temas polémicos en la Televisa deseosa de retomar los melodramas tradicionales.

Pudo ser una súper telenovela, pero sí tuvo varias cosas en contra.

Contexto

Un misterioso asesinato de dos personas es el detonante para el encuentro entre un policía, Leonardo Velasco (Andrés Palacios) y la dueña de una galería de piezas arqueológicas, Elisa Cantú (Angelique Boyer).

Por si fuera poco, se añaden más cosas pues el finado Augusto Cantú (Enrique Singer), tenía muchos secretos. Uno de ellos eran unas reliquias extraviadas que generaron el secuestro de su hija María José Cantú (Alejandra Robles Gil).

Una premisa apasionante en la que al menos, en sus primeros veinte capítulos, parecía que estábamos viendo la telenovela del año. Lo que sucedió después fue un terrible, pretencioso y hasta inexplicable estancamiento, del cual, la trama no terminó de salir.

Lo que se pudo desglosar en elogiables críticas, se terminó viendo como una telenovela opacada por los realities de TV Azteca y hasta por su antecesora de horario, Vencer el Desamor.

Existen rumores que me preocupan. Se decía que hicieron cambios en la historia, casi de última hora, por orden de directivos. De ser así, ¡qué fuerte! Porque pensé que ya estábamos atravesando la barrera de la censura hacia la apertura de temas escabrosos que compitieran con la televisión de plataforma como Netflix o Amazon Prime Video.

En su defensa, les debo de aplaudir a sus directores de escena Walter Doehner y Juan Pablo Blanco, porque nos dieron el dramatizado mejor actuado del 2020.

El final (Contiene spoilers)

El capítulo final tuvo intensidades, drama, acción y el descubrimiento del gran asesino de la historia, pero lo vi de una forma muy diluida y calmada a comparación de otros desenlaces de Giselle González.

Como de costumbre, Elisa (Angelique Boyer) y Leo (Andrés Palacios) estuvieron a punto de ser separados. La tan extraña ceguera de ella, que hasta parecía manipulación extrema y el estricto sentido de justicia del policía obstaculizaban su amor. Sin embargo, Leonardo Bechini es un gran maestro para hacernos debatir entre la delgada línea de lo moral y lo inmoral, a lo que entramos en ese análisis del protagonista que lo hizo desistir de una investigación por amor.

Viéndolo bien, las estrategias del judicial varias veces fueron acertadas y al final, no renunció a sus objetivos por una mujer. En cambio le dio la elección a Elisa de descubrir la verdad. Eso fue un buen acierto por parte del galán de la trama.

Por otro lado, el súper emocional Darío (Iván Arana) terminó asesinado por el cruel Eugenio (Alejandro Camacho). Aquí concluyo que no fue este quien lo terminó aniquilando, sino las propias emociones descontroladas del muchacho. Su muerte acabó con el tan mentado shipp en redes sociales de #Darijo que compartía con Majo (Alejandra Robles Gil).

También hubo descubrimientos que ya sólo hacían falta por confirmar. Uno  de ellos fue quién había sido el asesino de Reynaldo (Enoc Leaño), y vimos que José Luis (Hernán Mendoza) estuvo involucrado. Además incluyeron muchos cierres de pareja, una boda -cosa extraña en los finales de la señora González– y por supuesto, la revelación de la identidad del asesino.

Finalmente descubrimos al terrible homicida y se trató de Victoria (Leticia Calderón). Durante el desenlace, al fin terminé de armar el rompecabezas de su siniestra psicología. La vimos dándole el castigo terminal a Eugenio, demostrando que, en efecto, siempre fue peor que él como la gran responsable de la muerte de su esposo Augusto y de Julia (Jessica Decote), por creerla su amante .

Además, resultó ser tan vil que usó a su propia hija Renata (Susana González) como escudo. Lo verdaderamente impresionante fue que Victoria todo el tiempo tuvo las piezas arqueológicas que desataron las tragedias de sus propias hijas. Su simple argumento fue haberlo hecho “por amor a ellas”.

Debo de admitir que las escenas de la persecución y la identidad del asesino, fueron lo mejor del final y que quedarían memorablemente, como unos de los momentos más tensos, reveladores y hasta desalmados de las telenovelas de misterio.
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Personajes complejos

Antes de hablar de lo mejor y lo peor, quiero hacer un énfasis en algunos personajes complejos que verdaderamente se llevaron la trama.

Muchos dicen que la pareja entre Iván Arana y Alejandra Robles Gil se llevó la telenovela y otros que Angelique Boyer y Andrés Palacios no fueron opacados, pero en mi opinión, quien se llevó el protagonismo fue sin lugar a dudas Susana González como Renata Cantú.

¡Qué bárbara! Se lleva las palmas a una de las mejores actuaciones del género melodramático en mucho tiempo. La actriz se supera cada vez más con sus personajes, por ejemplo, Cinthia de La Que No Podía Amar (2011), Cecilia Bárcenas de La Candidata (2016) y ahora, Renata Cantú la deja con un prestigio enorme en cuestión de materia televisiva.

Renata tuvo una de las tramas más conmovedoras y desgarradoras de todo el enredo. Quien en un principio tenía el perfil de antagonista peligrosa, con el paso de los capítulos cambió y gracias a Leo, logró recuperar una muy buena relación con su hermana Elisa. Renata se dedicó a apoyar a la pareja en todo lo que podía. También sorteó grandes injusticias como el asesinato de su esposo Marcelo (Juan Martín Jáuregui), un aborto y pérdida de la matriz, el estar recluida un tiempo en un hospital y un secreto del pasado que nos dejó impactados a todos.

Sus expresiones, llantos, gritos, movimientos, etc. ¡Fue una interpretación que hasta merecería un premio internacional de calidad!

De ahí en fuera, un aplauso a la joven actriz Assira Abate como Leslie Velasco. Su interpretación de una adolescente con leucemia en fase terminal ¡se robó mi corazón, como estoy seguro que el de muchos!

¡Y claro! Un aplauso de pie a todos sus villanos. Imperio de Mentiras nos dio unos antagonistas feroces como hace mucho tiempo no veía:

*Eugenio Serrano (Alejandro Camacho): El magnate con complejo tiránico quien fue capaz de crear un enorme imperio de mentiras.

*Victoria Cantú (Leticia Calderón): La experta en moldear la trama a su antojo, desde tener humanidad hasta ser muy cruel.

*Cristina (Iliana Fox): La psicópata corrupta que nos robó la atención con su macabra sonrisa.

*Darío (Iván Arana): El secuestrador de emociones intensas que podía tanto caer bien como caer mal.

*José Luis (Hernán Mendoza): El policía amenazado y atormentado, que entre más se involucraba en los trabajos sucios, más se corrompía en cuerpo y alma.

*Fernanda (Michelle González): La eterna cómplice quien guardaba silencio de todo, pero al final, tuvo una redención aplaudible.

*Teresa (Pilar Ixquic Mata): Uno de los personajes más engañosos, porque inició siendo una mujer interesada, manipuladora y despreciable, pero dio una evolución, logrando ganarse el corazón de todos.

*Nieves (Cecilia Toussaint): La convenenciera madre que fue cómplice fundamental en el enredo de Julia.

A todos ustedes: ¡Gracias! Porque generaron unos problemas fuertísimos, devastadores y sufrimos con varios de ellos.

Lo bueno

Atractiva pareja entre Angelique Boyer y Andrés Palacios. Ellos son unos actores estelares, que, en su momento, tuvieron una racha deprimente en Televisa. Últimamente los hemos visto recientemente en producciones de mayor calidad y profesionalidad. Elisa y Leo cometían errores pero también tenían escenas muy conmovedoras y tienen el potencial de ser un romance que logrará trascender en el universo de Giselle González.

Alejandra Robles Gil alcanzó su personaje más destacado hasta ahora con “Majo”, quien se llevó las miradas de todo el público.

Muy buen trabajo de las primeras actrices Verónica Langer y Patricia Reyes Spíndola.

Sandra Kai hizo a uno de los personajes más sufridos de la telenovela casi a la par con Renata. ¡Qué infierno meterse en los zapatos de Sonia!

La pareja de policías de Luz Ramos y Ricardo Reynaud, muy bien en sus interpretaciones, sin exagerar y con momentos de intensidad.

¡Increíble la actuación de Carlos Torres! Excelente su participación como Mauricio, un gran reto actoral para él hacer a un enfermo mental en rehabilitación y gran cómplice enamorado de Renata (Susana González).

Si bien, el libreto de Leonardo Bechini y María Elena López tuvo unos de los altibajos más grandes que he visto en una telenovela de este corte, logró en su recta final, volvernos a hacer a pensar en los misterios y el debate de la moral entre los personajes buenos y malos.

La dirección escénica, las locaciones, la música incidental, la iluminación, la fotografía, entre muchas cosas, lo dejan como un melodrama muy bien posicionado entre las súper producciones.
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Lo malo

Me gustaría dejar un apartado para el estancamiento de la telenovela porque merece atención en un tema exclusivo.

Considero que el tema del Síndrome de Estocolmo entre Majo (Alejandra Robles Gil) y Darío (Iván Arana), pudo ser mejor ejecutado. Prácticamente romantizaron todo el problema con sus muchas peleas, desacuerdos, malas decisiones, la rebeldía de ella y las muy pésimas acciones de él.

Nos prometían una venganza a diestra y siniestra de Darío contra Eugenio (Alejandro Camacho), que pudo haber sido el sostén de la justificación a esto, pero solo vimos algo así entre el penúltimo y último capítulo.

Si bien, ha sido una telenovela donde se dieron muy buenas evoluciones de personaje, como en los casos de Fernanda (Michelle González) y Teresa (Pilar Ixquic Mata), también hubo varias deconstrucciones y algunas muy cansadas o mal planteadas.

El caso de Adriana (Luz Ramos), por ejemplo, fue la deconstrucción de ser una policía justiciera e inteligente a ser una ingenua empedernida por amor, que fue capaz de colocar en riesgo al personaje de Sonia (Sandra Kai), por sus ya casi hasta ridículos y obsesivos sentimientos por José Luis (Hernán Mendoza).

En el caso de Fabricio (Javier Jattín), comenzó siendo un personaje totalmente contrario a Eugenio (Alejandro Camacho) y Darío, y al final, se apoderó de unos roles principales de antagonistas. Lo malo es que no de una forma aceptable, sino un tanto chocante. Es como si al actor de un día para otro le dijeran, “¡Vas a ser muy malo en esta recta final!” y pareciese como si él nunca se la hubiera terminado de creer.

Muy insoportable el hecho de la protagonista Elisa (Angelique Boyer), que si bien, su actuación fue serena, intensa cuando debía serlo y muy humana, estaba metida en un círculo vicioso de errores que no se cansaba de cometer, al grado de darse odiar por ello. Se le mostró, ya ni como tonta, sino hasta cruel y manipuladora con el hombre que más le mostró solidaridad y respeto todo el tiempo, Leo (Andrés Palacios).

¡Mucha censura y muy poco misterio! Para ser un thriller nos quedaron debiendo atractivas escenas de suspenso que aumentaran la tensión entre el espectador y el interés por descubrir al asesino.

No entiendo porque dicen “maté a tal personaje” y al final, ni vimos nada de eso, sino que se guardaban las escenas. Un ejemplo fue la muerte de Nieves (Cecilia Toussaint), que, de un momento a otro, ya se estaba muriendo por un disparo.

De forma externa algo que pudo influir en el desinterés de la audiencia fue que no hay variabilidad en el horario estelar de Televisa. Nuevamente vemos una trama policiaca, cuando anteriormente tuvimos a Sin Miedo a la Verdad: Despierta, Rubí y El Dragón.

El estancamiento

Para no extenderme mucho, el problema del estancamiento considero que tiene un origen muy raro y que podría afirmar la teoría de los cambios de último momento.

Después del secuestro de Majo, los personajes cambiaban de personalidad de un momento a otro. Los protagonistas podrían derrochar amor unos cuantos capítulos y luego separarse por la primera tontería que se les cruzara enfrente.

Como he dicho, soy muy fan de los villanos de Imperio de Mentiras, pero sí sentí un desbalance de contrarios. Los malos eran más fuertes, las mentiras se generaban y no parecían acabar nunca, sucedían cosas horrendas y los protagonistas estaban más ocupados en sus separaciones y frustraciones, por lo cual, a estos, les ganaban todas las partidas.

Este último párrafo, fue lo que hizo de esta telenovela, muy pesada de ver en ocasiones. No salíamos de los problemas y para colmo, era un exceso de maldad impresionante.

Al menos todo esto que voy contando, fueron casi 30 capítulos, donde las subtramas más llamativas, terminaban siendo las de Renata (Susana González) y Teresa (Pilar Ixquic Mata).

Después la telenovela se volvió demasiado acelerada y retomó esa atención perdida, sobre todo con la intervención de la villana Cristina (Iliana Fox). Sin embargo en su recta final, nuevamente decayó por la involución del personaje de Elisa, por lo que quisiera hacerles una recomendación a sus escritores, productora y los directivos de la empresa:

¡Es imperdonable separar a la pareja protagónica en sus últimos capítulos y volverlos a juntar casi al final! Se recomienda que sea un conflicto rápido y que haya una solidaridad entre ambos, porque de verdad, ya no estamos en los años ochentas.

Conclusión

Imperio de Mentiras fue una telenovela que nos dio importantes lecciones, grandes villanos, magníficas actuaciones, pero un estancamiento temible. Ojalá sea una prueba y error, para que Giselle González evite esto en sus próximas producciones.

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