Lo bueno y lo malo de Amarte es Mi Pecado

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Ernesto Alonso y su legado con el público joven

Hablar de Ernesto Alonso es platicar de una historia enriquecida, prestigiada y con señoría, sobre lo que alguna vez fue la telenovela mexicana. Se encargó de reunir destacados equipos, encabezados por repartos de actores reales y directores de escena profesionales. Además tenía una manera asombrosa de cuadrar todo detalle.

Sus últimos trabajos quedaron muy bien marcados en la mente del espectador, sobre todo, en jóvenes. Que la producción del señor Alonso le haya permitido llegar hasta el siglo XXI, nos trajo algo maravilloso: una trilogía de historias, encabezada por Yadhira Carrillo, con los argumentos de Liliana Abud, Orlando Merino y Jaime García Estrada, resumiendo perfectamente a las nuevas generaciones lo que produjo en mucho tiempo.

Amarte es Mi Pecado (2004), por ejemplo, reúne contextos de estos personajes pintorescos que utilizaba en sus telenovelas de humor negro (Doña Macabra, 1963), exposición a los exteriores realistas (La Antorcha Encendida, 1996), protagonistas con notorias evoluciones y fases (La Leona, 1961), múltiples personalidades en muchas reuniones (La Vecindad, 1964) y el realismo mágico (Lo Blanco y lo Negro, 1989). Eso, sin contar las referencias y mensajes subliminales.

Con tantos remakes o tramas muy poco originales, la identidad de una telenovela mexicana se ha ido perdiendo, pero una como Amarte Es Mi Pecado, es hablar de México al 100%.

Traumas de amor

El contexto de Amarte es Mi Pecado nos habla de una telenovela con una perspectiva de tres personajes femeninos: Leonora/Nora (Yadhira Carrillo), Paulina (Alessandra Rosaldo) y Casilda (Tiaré Scanda), muy distintas entre sí, pero azotadas y humilladas por el destino.

Leonora/Nora sufre un tema que es aún, muy poco tratado en telenovelas, el bullying, pero no de estudiantes, sino a una escala mayor en épocas de adultez. Cualquiera podría decir que una protagonista siempre tiene humillaciones constantes en melodramas, no obstante, en Amarte es Mi Pecado se trata de una forma bestial, al grado que nos describe lo que podrías padecer en tu vecindario, escuela, centro de trabajo, etc.

El caso de Casilda tampoco es tan desigual. Su propia madrina -que en realidad era su madre (Margarita Isabel)-, no para de decirle, ni en la mente, que es “fea”, que “nunca nadie te amará”, que “no sirves para ser la esposa de nadie”, etc.

Ambas representan a dos de los personajes más sufridos y frustrados de las telenovelas, magnificando un trauma por falta de amor.

A una le hicieron creer que el amor era un cuento y que debía tener dinero. Si expresaba sus ideales, la humillaban, vendían y maltrataban. Con respecto a la segunda, tantas malas palabras, reproches y desamor, le hicieron creer que comprar a alguien, le daría la felicidad absoluta. La codependencia de Nora por Arturo (Sergio Sendel) y la de Casilda por Leonardo (Alexis Ayala) ¡es brutal y preocupante! De Paulina hablaré en otro espacio.

Ernesto Alonso era muy bueno para desglosar telenovelas con estas características: hablar de un romance en medio de una trama oscura.

En la base del melodrama, puedo decir que Amarte es Mi Pecado es una telenovela donde casi todos los personajes tienen un trauma, hasta los más secundarios y cada uno se encarga de hacer cosas terribles, muchas veces por supervivencia.
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¿Original o referencia?

Con respecto a si es un original, aquí en La Hora de la Novela, se desglosó una comparativa con el libro y película El Otro Lado de la Medianoche. Quedé muy sorprendido por sus múltiples similitudes, aunque también hay algo cierto, Ernesto Alonso gozaba en generar referencias a obras de la literatura clásica y otras del medio.

Por ejemplo, el que Casilda viera a su madre muerta y platicara con ella dentro de su mente, es una referencia a Hamlet.

Incluso hay parecido entre los momentos clave de Leonora y Gertrudis (Adriana Roel) con los enfrentamientos de protagonista contra villana de La Indomable (1974), que en México después vimos como La Venganza (1977) y Marimar (1994). La escena de la protagonista/antagonista en el lodo, también se volvió muy esperada en una trama que no tenía nada que ver con estos antecedentes.

Una selva de pasiones

Con respecto al argumento, describe a la sociedad como una selva en medio del mundo. Hay pobres muy ambiciosos queriendo desbancar a quien sea, sin importarles nada (Sylvia Pasquel); adinerados que creen mover todo lo que controlan (Xavier Marc y Juan Peláez) con su fortuna; mujeres que escalaron, consumiendo los lujos de avariciosos (Érika Buenfil); hipócritas que te admirarán cuanto más poder tengas (las mejores amigas del personaje de Graciela Bernardos); instintos animales (Antonio Medellín) y depredadores (Adriana Roel y Odiseo Bichir).

Las grandes víctimas de esta selva son los que iban a contracorriente como Leonora, quien tuvo que aprender a defenderse de todas estas bestias. En el caso de Casilda, se unió, antes de tiempo, a todos ellos, aunque siguió siendo despreciada por su físico o estatus emocional, y Paulina, se transformó en lobo, por restregarnos su ideología de “amar”.

El resto de animales pasivos se alinearon a la selva y los depredadores, tal es el caso del padre de Paulina (Sergio Ramos “El Comanche”) y de la gente de la pensión de Arturo.

Muchas veces pensamos, ¿cómo rellenarán toda una telenovela que durará meses? ¡Vaya forma de crear contenido!

Entre lo blanco y lo negro

Me llamó mucho la atención cómo se recurrió al melodrama y al realismo mágico para tocar temas como la trata de blancas, el bullying, el abuso sexual, las injusticias jurídicas, la corrupción, el narcomenudeo (aquí se usó el recurso de una mafia similar a la italiana, pero en sembradíos), la sociopatía, el trastorno de personalidad múltiple y el riesgo de los periodistas en la nación.

Ningún personaje es completamente una buena persona, y los más blancos como Pilar (Emilia Carranza) o Mirta (Verónica Jaspeado), quienes podrían haber desenredado toda esta bola de hilos que parecía no tener final, eran eliminadas. Si ellas hubieran desenmascarado todo a tiempo, Nora no habría tenido porque convertirse en Leonora y se acababa la historia. ¡El destino quería ver a Leonora Madrigal de Horta en acción!

El cambio de Nora a Leonora es una transición muy interesante. Es como perder una “virginidad mental”. Si bien, no deseaba usar el nombre de su madre por respeto, era la única forma de verdaderamente tener un cambio. A consecuencia, cada vez que ella comete un acto de venganza o por dinero, le habla a las fotografías de sus padres para justificarse y decir que no había otro camino.

Personajes con acciones negativas

La telenovela contó con un poderoso ejército de villanos: Sylvia Pasquel, Margarita Isabel, Tiaré Scanda, Erika Buenfil, Adriana Roel, Xavier Marc, Antonio Medellín, Juan Peláez, Alejandro Ibarra, Farah Abud, Antonio Miguel, Odiseo Bichir, Dacia Arcaráz, Eugenio Cobo y Lídice Pousa.

Tantos antagonistas en un solo espacio, además, personajes, que no precisamente eran villanos, contribuían expandiendo los males y haciendo que no existieran soluciones algunas.

Un ejemplo fue uno de los grandes responsables del trauma de Leonora, su propio padre Jacobo (Manuel Ojeda), que si bien, sólo apareció un capítulo, era un hombre interesado, injusto y patán que le hizo jurar a la hija, que se casaría con un millonario.

Diego (Alejandro Ruíz), el “mejor amigo” del protagonista, hacía más cosas de un villano que de una buena persona. Era un gran influenciador y manipulador.

Leonardo (Alexis Ayala) parecía ser el galán perfecto, solidario y preocupado por la protagonista, incluso, daría la vida por ella, pero era un interesado que se casó con Casilda solo por su dinero.

Félix Palacios (Sergio Reynoso), el gran patriarca de una mafia, tenía bellos sentimientos por su familia, pero era despiadado y con un fuerte trauma por la traición.

Don Clemente (Luis Gimeno) era una noble persona con sus allegados, pero fue, como Diego, uno de los influenciadores para la separación definitiva entre Leonora y Arturo.

Personajes que se transforman

Un malentendido, un teléfono descompuesto eterno y que nos dejó una buena reflexión: podemos juzgar mil veces a una persona por los dichos y palabras de los demás, pero hasta que la conozcamos y analicemos su versión de los hechos, no habrá oscuros, ni blancos.

Esto que se acaba de decir lo corrobora perfectamente el personaje de Betina (Graciela Bernardos), que representa al espectador. En un inicio, su punto de vista es neutro ante el desconocimiento de hechos, después, se une más con los poderosos como Gisela (Érika Buenfil) y Evaristo (Xavier Marc), y cuando es traicionada por la primera, busca conocer la otra parte de la moneda, Leonora, logrando ayudarla y hasta darle motivos para desquitarse de su enemiga acérrima.

Después, se vuelve defensora de la protagonista y aunque no es una persona moral, logra empatizar con sus problemas y a la vez, la motiva a convertirse en herramienta de venganza contra quien quiere. Es tal como el público ve a Leonora, una mártir que debe desquitarse de todos.

Y finalmente, contemplamos que hasta los más malos y endemoniados tienen sus momentos humanos y que varios de ellos comienzan a reflexionar, cuando Leonora ya se ha vengado.

El personaje de Isaura, por ejemplo, dice que no existe el amor, pero en todo el enredo, parece sentir grandes cosas por el recuerdo de Jacobo. Ella era de irse por el mejor postor, al principio Casilda y después, Leonora. Aunque se aprovechaba de ellas, las vendía y le interesaba sacar todo el dinero suficiente, considero que, en el fondo, les tuvo cierta estima, al grado de divertirse con ellas, pese a que le destrozó la vida a cada una.
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La dirección de Benjamín Cann con tres personajes

Un gran equipo de comunicación se vio en esta telenovela. El hecho que Benjamín Cann escuchara a sus actores y a la vez, ellos pudieran agregarles detalles, es fenomenal.

Sylvia Pasquel se pintaba los dientes para demostrar un grotesco mal gusto de su personaje, tenía expresiones y acento de barrio, sin contar su chiflidito.

Tiaré Scanda usaba una prótesis en la nariz, dientes falsos y una caracterización soberbia para verse como una mujer poco agraciada. Sus expresiones pintorescas como el “Sí”, pasaron a la posterioridad.

La actuación única y con gran estilo de Margarita Isabel dieron una natural, convincente y hasta realista dicción en el personaje de Alejandra Madrigal de Horta. Combinando astucia, refinación y hasta cierta ignorancia, logró sus mejores frases.

Estos tres personajes son los más queridos de la telenovela, pese a ser villanas, ególatras y sociópatas. Isaura, una tratante de blancas, yéndose por el camino que más le convenía, aprovechándose de la ignorancia de Casilda. Esta, una joven cuya única aspiración era servirle a su madrina, soportando todos sus insultos, pero que cuando recibe su herencia, se vuelve una especie de tirana. Finalmente Alejandra, traumada por no ser correspondida, utiliza su ideología para llenar sus grandes vacíos y compensar fuertes intereses.

Una tonta infidelidad

Veo los comentarios en redes sociales y parece que los dos personajes más odiados fueron Paulina y Arturo. Anteriormente, dije que hablaría de ella y es bueno retomarlos a los dos.

Paulina era una joven salida de una ciudad pequeña. Estudió la universidad, egresó y fue a dar a la revista de las empresas de Juan Carlos Orellana (René Casados). Parecía tranquila, amigable y hasta en cierto punto, se llevaba bien con Nora.

Arturo, por su parte, fue el primer hombre que no rechazó a Nora, ni la intentó a vender. Fue su paño de lágrimas, le confiaba todo, le llevó serenata y la sacó de una gran depresión. Por eso la protagonista nunca lo pudo olvidar, porque vio en él, a alguien que casi logró sacarla de un trauma ¿Cuál fue el problema? La infidelidad.

¿Merecen Paulina y Arturo ser tan odiados?

El estelar, antes de conocer a Nora, era un mujeriego. Terminó recayendo por estragos del alcohol y Paulina, era una mujer enamorada que aprovechó el instante para intimar. ¿Qué sucedió después? Ambos entraron a la madeja de malos entendidos y pésimas decisiones.

Pese a que todo estaba claro, Paulina quedó embarazada, pero no quiso atar a Arturo y él se dispuso a contarle la verdad a Nora. Si bien, sus acciones no tenían justificación alguna, Leonora también pecó de orgullosa y sus traumas la destrozaron, ya que, vio en su “salvador”, al gran villano que la terminó de quebrar, por eso lo alejó y le ocultó la información de estar embarazada.

Después, Arturo, aunque busca a Nora y quiere encontrar un tiempo para hablar, cae en los enredos de Isaura, quien se vuelve la barrera. Rendido, desea ayudar a Paulina y se casa con ella. Paulina no estaba satisfecha y quiso arreglar el enredo, pero, termina siendo convencida fácilmente por una conversación entre Nora y Casilda, sin pedir más contextos.

El hecho por el cual son tan odiados es la impulsividad de Arturo. No se dejó llevar por la inteligencia y le faltó solidaridad con Nora. Por otra parte, Paulina se impuso su ideología de estar casada y todo mundo la trataba de convencer de que las cosas cambiarían. ¿Resultado? Tres vidas arruinadas, depresión, alcoholismo y decepciones.

La actitud de Paulina es chocante porque restriega su ideal, pero no la odio. En el caso de Arturo, claro que buscó de mil maneras a Nora, pese a ello, su pecado fue escuchar puras malas referencias por un sinnúmero de personajes. Dejo a su consideración si merecían ser odiados, a mi juicio, fueron dos personajes atormentados por sus propias decisiones.

Subtramas

Considero que la trama de la pensión fue una peculiaridad recomendada por Ernesto Alonso para darle trabajo a varios primeros actores de la talla de Ofelia Guilmáin como la entrañable Covadonga. No tienen gran peso con el argumento central, pero los temas de Manolo (Luis Bayardo) y Micaela (Esther Guilmáin) se relacionan directamente con los antagonistas, Sergio (Odiseo Bichir) y Diana (Dacia Arcaráz). También se hace un énfasis en la explotación laboral y los niños de la calle.

En el caso de la familia Fernández de Lara, encabezada por Felipe (Alonso Echánove) y Ana María (Silvia Manríque), no son muy apreciados por su casi nula participación con el núcleo principal, pero son protagonistas de momentos fuertes ente el segundo y tercer acto.

Y en el caso de otras subtramas como el triángulo amoroso entre Rafael (Mauricio Aspe), Claudia (Lidice Pousa) y Renata (Ingrid Martz), sumada a la familia de ésta última. ¡Pueden pasar al olvido sin ningún problema!

Fallos

Adoro la forma tan realista y entregada de Yadhira Carrillo para llorar, pero, llegaba el momento en que, hasta porque “la mosca volaba” lo hacía. Es muy chantajista que la protagonista destaque todo el tiempo que sus pesares eran por amar al hombre equivocado, siendo que ella ya sufría desde antes. El pecado fue ser mujer en un mundo de hombres salvajes y damas posesivas, víctima del acoso, la soberbia, las envidias y el oportunismo. Lo del amor, pudo pasar a otro término si hubiera tomado terapia, pero nunca se dio ese consejo en la telenovela.

Terrible la doctora Clara (Macaria), cuyo rol fue únicamente ser el de una consejera (mala, por cierto) y acompañante para los personajes de Paulina y Arturo. Lo más ridículo es que representaba a un hospital entero donde ella hacía todo.

A veces se sentía que los capítulos ya no sabían como rellenarlos. Nos ponían a los personajes hablando solos, recordando, pensando y hasta el mismo flashback varias veces. Ni hablar de las subtramas poco aportadoras ya mencionadas. Otro fallo fueron los villanos que les escuchaban sus fechorías tras las puertas y lo verde de algunos actores como Mauricio Aspe y Lídice Pousa.

Conclusión

Este es uno de mis artículos más extensos pero era necesario para la telenovela de esta temporada. Francamente, después de 17 años y con esta esperanza de que los melodramas del Señor Telenovela Ernesto Alonso, regresen paulatinamente, se nos va quizá, la que ha sido la mejor retransmisión que lleva el 2021. Una historia que deja una gran lección y una hermosa cachetada con guante blanco ante tantos desperfectos actuales. ¡Gracias por esta estupenda historia, donde quiera que esté, gran maestro!

1 Comentario

  1. Yolanda dice:

    A mí la evolución de Nora me recuerda a la de Malena, película protagonizada por Monica Belluci, orillada a la prostitución y víctima de prejuicios por su apariencia física, así como por el machismo de los habitantes de un pueblo con cultura atávica.

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