Imperio de Cristal, una telenovela nada frágil

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Introducción

Recientemente, en la barra “Noches para Recordar” del canal TLNovelas, finalizó la telenovela Imperio de Cristal. Esta fue una aclamada historia de 1994, protagonizada por Rebecca Jones, Alejandro Camacho, Ari Telch y María Rubio.

Hace años la mencioné para contrastar su calidad con la de Quiero Amarte (2014), su refrito, conociendo de su trama, poderoso elenco y escenas, pero el verla completa se volvió una experiencia totalmente fuerte.

Sin duda, Imperio de Cristal merece el puesto de ser una de las mejores telenovelas hechas jamás y a la vez, me confirma algo, Quiero Amarte fue una demostración plena del por qué los refritos salen tan malos, si los comparamos con sus ideas originales.

Melodrama experimental y metafórico

Hace unos días mencioné que Te Acuerdas de Mí estaba sobre ese rubro de las telenovelas experimentales. Entre la lista que destaqué apareció Imperio de Cristal, un melodrama que, en efecto, fue un experimento propuesto por Rebecca Jones y Alejandro Camacho.

Deseosos de adaptar el libro, Yo, Claudio (Robert Graves, 1934), el agregar personajes como Calígula a una telenovela, además de otras referencias del Imperio Romano, parecía una locura.

Pasaron por varios productores y al final se les asignó a Carlos Sotomayor (tras fallecer Carlos Téllez). Los escritores seleccionados fueron los escritores primerizos Orlando Merino y Jaime García Estrada, autores que tenían un estilo muy cinematográfico, caracterizados por sus diálogos metafóricos y enredos armados a través de las ideas de otras personas. Recordemos que fueron dos de los encargados de la trilogía de Yadhira Carrillo con Ernesto Alonso (La Otra, Amarte es mi Pecado y Barrera de Amor). Además de la edición literaria de muchas telenovelas de la célebre Marissa Garrido.

En ese momento se buscaban historias que se salieran del molde clásico porque se iniciaría un proyecto con Fox para hacer telenovelas en inglés. De hecho Imperio De Cristal fue la primer telenovela en grabarse en español e inglés al mismo tiempo

El Imperio Romano en San Ángel

Sin duda alguna, apostar por las historias metafóricas era algo interesante en la gestión de Emilio Azcárraga Milmo y estas iniciativas se desecharon con la de Azcárraga Jean.

Los años de gloria en Televisa nos dieron producciones que pasaron a la posterioridad. Quien se atreva a decir que Imperio de Cristal sea solamente un “melodrama de gente rica”, quiere decir que no entendió ni la octava parte de su significado.

Un amante de las referencias como yo, agradece que los integrantes varones tenían nombres de emperadores como César (Ignacio López Tarso), Julio (Ari Telch), Augusto (Alejandro Camacho), Claudio (Germán Gutiérrez), Octavio (Alejandro Tommasi) y Marco Aurelio (Alan Fernando) o de una emperatriz como Livia (María Rubio).

Imperio de Cristal nos habla de la ambición por heredar el emporio de una fábrica de vidrio, pero los personajes hacen parecer como si estuviéramos esperando el nacimiento de una monarquía a cargo de cualquiera de los varones.

Todos estuvieron muy bien dirigidos por Claudio Reyes Rubio y Juan Carlos Muñoz.

El poder de los personajes que fundaron la dinastía

A estas alturas se complica encontrar en telenovelas, personajes tan poderosos.  Sin embargo, en esta producción todos estaban tan bien escritos que fue como estar viendo el desarrollo de una verdadera monarquía empresarial.

Imperio de Cristal bien podría recordarnos a aspectos de El Sultán (2011-2014) o la serie The Crown (2017-2020). Tenemos el ejemplo de familiares escondidos por una discapacidad como el fabuloso personaje de Doña Antonia (Alicia Montoya), una mujer debilitada en sus facultades mentales quien dejó la respuesta a todo en unas acuarelas.

César Lombardo (Ignacio López Tarso), quien podría parecer un recto monarca, les hace la vida imposible a varios de sus hijos por un machismo arraigado, además de no aparentar debilidad. Su evolución es sorprendente cuando busca la manera de acercarse a todos ellos.

Indiscutiblemente los duelos de actuación entre el señor López Tarso y María Rubio pasarán a la posterioridad. Convenientemente ambos ya habían sido esposos en El Derecho de Nacer (1981), telenovela donde tuvieron roles contrarios, él era villano y ella buena.

A Livia Arizmendi (María Rubio), muchos quisieran compararla con Catalina Creel, pero son totalmente opuestas. Catalina iba tras objetivos que no precisamente eran para su propio beneficio. La Creel se movía bajo un trazo estructurado y filosófico, en cambio, Livia, sí quería salir beneficiada. Ni hablar de su atemorizante narcisismo extremo que la hacía pensar mover los hilos de muchas vidas, al grado de pensar en arrebatárselas.

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Los conflictos fraternales

Augusto (Alejandro Camacho) fue sin duda, una digna representación de Calígula, desde referencias como hacer bromas con su perro Marte, nombrándolo “encargado de finanzas”, pasando por sus múltiples torturas a personajes y fetiches sexuales desgarradores. Él fue un criminal en toda la extensión de la palabra, del cual, no podías sentir más que repulsión.

Julio (Ari Telch), fue una muy buena representación del heredero guerrero que lucha contra viento y marea, defendiendo sus ideas, además de que Telch se lució por su enorme carisma.

Esos sueños premonitorios y reveladores que tenía Sofía (Rebecca Jones) le daban un aire sombrío y oscuro a la telenovela que hasta parecía tener momentos sobrenaturales. Además su parecido con Elena, deja aún más esa hermosura por las metáforas que es muy complicado encontrar en la televisión actual. Ese parecido resultó ser una clave en el final.

Claudio (Germán Gutiérrez), sin duda, fue uno de los personajes más hermosos y sobresalientes que he llegado a ver en un melodrama. ¡El se merecía todo el imperio! Es una lástima que lo dejaron como ganador de un concurso y no como el dueño de toda una empresa, aunque el contexto fuera complicado. Él era un muchacho inteligente, pese a sus problemas mentales. Sufrió, se desgarró a terribles montones y estelarizó los sucesos cumbre de la trama. Él fue la referencia al protagonista de Yo, Claudio.

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Los demás no se quedan atrás

Le tengo un profundo cariño y admiración a la primera actriz Emilia Carranza, mujer que cada personaje asignado lo realiza con una dignidad tremenda. ¡Esa mujer es oro! Con Andrea hizo una tía entregada, apasionada, anhelante, soñadora y gran motivación para todos. Sus duelos de actuación con Rubio, Camacho y López Tarso fueron ¡fabulosos!

Narda (Kate del Castillo), la joven incomprendida de carácter fuerte, con temor a mostrar sus verdaderos sentimientos, realmente te hace sufrir por su calvario de incomprensión de ambos padres. A ello se le suma una relación amorosa quebrada con Bruno (Antonio De Carlo), a causa de su hermano.

Hasta los niños como Kathia (Zoraida Gómez) y Marco Aurelio (Alan Fernando) nos podían decir muchísimo con su estupenda participación.

De ahí en fuera, muchísimos buenos actores con personajes increíbles, tales como Aarón Hernán, Adriana Barraza, Malena Doria, Alejandro Tommasi, Cecilia Gabriela, Fidel Garriga, Ivette Proal, Óscar Bonfiglio, Dacia González y Constantino Costas. Además, vimos los inicios actorales de Fabiola Campomanes en su entrañable personaje de Juanita, y participaciones breves e interesantes como las de Claudio Brook, Julio Monterde, Marina Marín y Juan Ignacio Aranda.

Realmente que hablar de cada personaje es un rico como apasionante relato. Fue una historia verdaderamente casi completa, considerada una joya de su época y claro, del paso melodramático en tantas décadas.

Como dato curioso, una empresa con el nombre “Prisma” la volvimos a ver en otra telenovela de sus autores: Amarte es mi Pecado (2004).

Capítulos finales

Lamentablemente, no todo fue perfecto.

Los capítulos finales tuvieron escenas de las más épicas que he visto en una telenovela como el atentado a César (Ignacio López Tarso) por parte de Augusto, la obra de títeres por Claudio (Germán Gutiérrez) y el final de Livia (María Rubio) desde que es descubierta hasta que acaba en su decadencia mental. ¡Esto en particular lo debo aplaudir!

Penosamente, en sus últimos dos capítulos pareciera que estuvieran corriendo en solucionar todo sin remate ni explicación y eso era algo que les sucedía mucho a sus escritores Merino y García Estrada. Lo mismo les ocurrió en Amarte es mi Pecado. No sabemos si así fue la versión original o fue una nueva edición.

Considero que son tantas ideas y tantas personas en una era donde no existían los finales dominicales con dos horas, que era imposible cerrar las tramas con un ritmo decente.

Aun así, también hay incongruencias como el hecho de que César estuviera vivo cuando fue lanzado al mar. ¿Cómo logró sobrevivir de ese punto a donde fue encontrado? Pues… “Magia de la Televisión”.

Y bueno, este es un deseo personal: me hubiera gustado que cuadraran al personaje de Claudio para ser el verdadero ganador de todo el imperio. Claudio muchas veces le robó el protagonismo a los demás y mostró una inteligencia bárbara. Julio, aunque no me desagrada, siempre pecó de temperamental y hasta de visceral.

“Quiero Amarte”: Lo que es no comprender la esencia de un original

En su momento, cuando estaba al aire Quiero Amarte, destaqué que Imperio de Cristal, aun sin verla completa, era una verdadera joya, pero ahora con esta retransmisión, con más razón.

La situación me da a entender que muchas veces a los productores y escritores de la Televisa actual solo les asignan refritos y toman en cuenta, apenas, una de las bases principales. Se inventan enredos que no tienen nada que ver con la original para mantener a una audiencia. Nos atiborran con violencia bruta, poca reflexión y hasta desnudos, casi matando los mensajes originales.

Recuerdo haber vomitado los primeros capítulos de Quiero Amarte y ya encontré un por qué.

Imperio de Cristal fue un experimento y a la vez un melodrama metafórico que jugaba con cuestiones simbólicas como los sueños de Sofía, y cuyos  personajes estaban entablados en cual imperio romano empresarial… Todo tenía una estructura difícil de replicar.

Qué digno hubiera sido ver un respeto por las referencias sólidas de su original. Faltó ver personajes fuertes que no cayeran en humores involuntarios, rebajados de carácter e introducidos en los absurdos circos inconsumibles de aquellos años. Parece que solo se respetó la trama del galán sin poder amar en su totalidad a la protagonista, porque de ahí en fuera… todo fue un sin sentido.

Incluso, el actor Hernán Canto, a quien le premié su interpretación como el discapacitado Lucio (Claudio), al ver Imperio de Cristal entendí que ese personaje no debió haber sido así, al contrario, tenía que ser adaptado con todo y su condición mental. ¡Hasta eso le quitó protagonismo!

En fin, este es un ejemplo de muchos fallidos refritos. Puedo citar otros más como Pasión y Poder (2016) y Tres Veces Ana (2018), pero bueno, ojalá quede en la consciencia de los responsables el por qué la Televisa actual es tan desechable.

Conclusión

Valoro aún más el sentir de una verdadera telenovela donde hay talentos histriónicos y no tienes que luchar por aguantar escenas donde salga el dizque actor a desentonar con el resto. ¡Gracias Rebecca Jones y Alejandro Camacho por sus ideas! ¡Gracias a Carlos Sotomayor por su profesionalismo! y ¡Gracias al excelente libreto de Orlando Merino y Jaime García Estrada!

Imperio de Cristal está disponible en Blim

 

1 Comentario

  1. Soyyo dice:

    Así como fue Imperio de Cristal,hubo otras buenas historias como en Carne Propia,con Gonzalo Vega,Edith González y otros actores destacados.

    Hubo en los años 90 una invitación a presentar historias originales de ahí salieron varios escritores e historias muy bien hechas que desafortunadamente las hicieron pedazos cuando realizaron su refrito.

    Estoy segura que se disfrutaría mejor una historia de este tipo hoy en día que ver la barra completa que presenta Televisa.

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