El legado de Delia Fiallo

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De Cuba para el mundo del melodrama

El 29 de junio se fue la última escritora de la era pionera del melodrama, Delia Fiallo.

Nacida en Cuba, ella fue una de las más grandes creadoras de clásicos y éxitos en las telenovelas latinoamericanas.

La señora Fiallo ocupó una buena posición en el formato de radionovelas y, sin imaginarlo, muchas de ellas posteriormente serían la base de éxitos de la televisión nacional e internacional.

Incursión en las telenovelas

Su primera expedición en una telenovela fue en 1957 con el título de Hasta Que la Muerte Nos Separe, una trama de misterio que duró 16 capítulos y fue protagonizada por Gina Cabrera y Alberto González Rubio.

De sus famosas radionovelas en su natal Cuba se trajo historias como Soraya, El Ángel Perverso y Ligia Sandoval.

Profetismo en Cuba

Por lo general catalogamos a la señora Fiallo como una escritora rosa, pero planteó tramas que rompieron esquemas en Cuba. Desde la ocupación alemana a Francia en Cuando Se Quiere a un Enemigo, a la ocupación francesa a México en México Indómito. En ellas se esquematizaba el concepto de dictadura en respuesta a los ideales políticos del Castrismo.

Desafortunadamente, las autoridades de su país natal le impidieron continuar escribiendo ese tipo de historias. Sin embargo, también creó cuentos para niños en un programa llamado Los Muñecones, y recurrió a metáforas para exponer los problemas de sus paisanos.

Por estos trabajos, se le consideró un profeta entre la población.

Venezuela… su casa de sueños

Con un pequeño capital, Delia y su familia hicieron un viaje a Miami para vender El Ángel Perverso a Telemundo Puerto Rico. El viaje fue un fracaso por la oferta donde querían cobrarle por cada una de sus historias.

Más tarde, esta misma historia se la compró Venevisión. Ahí se encargaron de cambiar los modismos cubanos y de modificar los roles de protagonista y villana para crear Lucecita (1967).

A partir este punto, sus tramas se volvieron sujeto de adaptación dentro del mismo país y Argentina, después en Colombia, México, Estados Unidos, Perú y Brasil.

Marina Baura y José Bardina fueron los protagonistas perfectos de sus primeras historias en esa cadena: Lucecita, La Señorita Elena (1967), Rosario (1968) y Lisa Mi Amor (1969).

Impacto internacional

Esmeralda de 1971 sería el parteaguas de Delia Fiallo.  La trama sobre una invidente que tenía que sortear infinidad de obstáculos para ser feliz, fue protagonizada por Lupita Ferrer y José Bardina. A raíz del triunfo de Esmeralda, ellos se convirtieron en una pareja inmortal en el mundo de las telenovelas.

La historia de Esmeralda, es en mi opinión, la obra más representativa de la cubana. Se exportó a varios países, convirtiéndola en un fenómeno por todos los lugares donde se emitió. Recordemos que, en esos tiempos, las ventas internacionales eran algo nuevo en el género.

Fiallo readaptó Lucecita para otra versión en 1972 y continuó con otros éxitos como María Teresa (1972), Peregrina (1973) y Una Muchacha Llamada Milagros (1973).

En 1977 se transmitió La Zulianita, nuevo éxito internacional protagonizado por Lupita Ferrer y José Bardina. Era la historia de una chica provinciana que va a probar suerte a la capital. Le siguieron Rafaela (1977), María del Mar (1978), Ligia Sandoval (1980), Mi Mejor Amiga (1980) y La Heredera (1981). Con esta última se anotó otro gran acierto.

esmeralda jose bardina lupita ferrer

El fin de una hermosa historia con Venevisión y el inicio de otra con RCTV

En 1982, Delia Fiallo tuvo una frustración con el desarrollo de Querida Mamá. La transmisión fue un éxito, pero una ley en Venezuela establecía un límite de capítulos a las telenovelas. La telenovela tuvo que cerrar de forma trágica, cruel y sin sentido para el espectador.

Se habló de realizar una segunda parte, sin embargo, al denegarse el proyecto, la señora Fiallo inició una nueva relación profesional con RCTV.

La primera en ejecución fue Marta y Javier (1983), versión libre de la radionovela Siempre Te He Querido, escrita por Ligia Lezama, María Antonieta Gómez y Pedro Felipe Ramírez, y estelarizada por Mayra Alejandra y Carlos Olivier.

Sus últimos originales para la cadena, Leonela (1983) y Cristal (1985) tuvieron un gran impacto para la televisión venezolana a escala nacional, impactando, incluso al gobierno. La segunda, en especial, tuvo tal popularidad que fue increíblemente distribuida por el mundo. En los papeles principales estaban Lupita Ferrer, Jeanette Rodríguez, Raúl Amundaray y Carlos Mata.

Retiro de originales

Su trabajo como autora destacada era sumamente absorbente por lo cual se retiró. Sin embargo, colaboró en las adaptaciones realizadas de sus telenovelas, por ejemplo, Topacio (1985), la cual, repitió el éxito internacional, ya probado con su antecesora Esmeralda. Los nuevos protagonistas fueron Grecia Colmenares y Víctor Cámara.

Para 1991, Telemundo en colaboración con Televisión Española realizó Marielena con Lucía Méndez y Eduardo Yáñez. En esta ocasión sí se logró emitir toda la historia completa de Querida Mamá, que, en su tiempo, no pudo concretarse debido a las legislaturas venezolanas.

Es en Kassandra de 1992, donde Coraima Torres y Osvaldo Ríos se volverían una pareja representativa a nivel global. Esta fue la tercera adaptación de Peregrina y dejó el nombre de Delia muy en alto. En su momento fue nominada a ternas internacionales y hasta hace un tiempo tuvo el puesto de la telenovela más vendida en el mundo, de acuerdo al Libro de Récords Guinness con 128 naciones.

Fiallo y las adaptaciones

Fiallo estuvo a cargo de adaptaciones en su momento como Mi Hermana Gemela (1975) y Cumbres Borrascosas (1976), sin embargo, no tuvieron éxito ni con el público ni con la crítica.

También entró de emergente con la telenovela, Laura y Virginia (1977), sin embargo, no logró hacerla despegar.

Solo una sola adaptación logró que tuviera mejor aceptación y fue Pobre Diabla (1990) de Alberto Migré, no obstante, fue la versión del 2000 la cual tuvo mayor difusión en el extranjero.

cristal jeanette rodriguez y carlos mata

Temas polémicos

Delia Fiallo fue conocida por hablar de temas tabú. Ya lo había hecho en Cuba, pero en sus melodramas exportados logró darles espacio a los invidentes (Esmeralda); la personalidad múltiple y las violaciones (Una Muchacha Llamada Milagros); el “Síndrome de Estocolmo” y las drogas (Leonela); las mujeres interesadas en hombres jóvenes (Querida Mamá/Marielena); la homosexualidad y el fanatismo religioso (Cristal); y el incesto (Mariana de la Noche) entre otros.

Incluso, hay que resaltar que las discapacidades podían fungir entre sus villanos como el doctor con su rostro quemado en Esmeralda (1971) y la antagonista en silla de ruedas en Lucecita (1967).

Entre sus antagónicos también figura el hecho que en una empleada de servicio recayera la villana principal y fue en Peregrina/Kassandra (1973/1992).

La trama de Querida Mamá (1982) era en sí, parte de la anécdota matrimonial con su esposo, Bernardo Pascual, ya que, la esposa de él era mayor y ambos sufrieron debido a ella.

En sí, uno de los temas que han abierto mayor debate entre los fanáticos del melodrama es la circunstancia de Leonela (1983), donde una mujer violada al final se enamora y termina involucrándose sentimentalmente con su violador.

Pese a ello, la imaginación de Delia Fiallo generó a mujeres fuertes o características de la cotidianidad como la doctora de Rafaela (1977), la provinciana que buscó superare en La Zulianita (1977) y la mujer implacable, dueña de una agencia de modas en Cristal (1985), esta última inspirada en Carolina Herrera.

Adaptaciones acertadas

Deseando que sus telenovelas tuvieran una mayor distribución y gama de producción, llegó a Televisa bajo el mando de Valentín Pimstein con La Mujer que No Podía Amar, retitulándola Monte Calvario (1986). Los protagonistas fueron Edith González, Arturo Peniche y José Alonso.

María de Nadie (1985) se realiza en Argentina y también resultó un éxito arrasador. Fue una adaptación de La Zulianita.

Estos dos ejemplos vienen a ser una gloria comparados con lo que vendría después, un infierno.

Estilos cambiados

Confiando en Valentín Pimstein, le dio el visto bueno para que hiciera algunas sus telenovelas, incluso él haría Cristal. No obstante, con la salida del productor chileno de Televisa, la señora empieza a tener problemas con los responsables de adaptar varias tramas suyas.

Aunque en México le tengamos gran aprecio a Te Sigo Amando (1997) y El Privilegio de Amar (1998), ella no quedó muy contenta con los grandes cambios que se hicieron en estas dos producciones de Carla Estrada.

Salvador Mejía, por ejemplo, fue el productor que pareciera, en sus palabras, el que más la engañó. Según ella, al final él hizo con sus telenovelas lo que le dio en gana, un buen ejemplo de ello fue Triunfo del Amor (2010). La propia autora renegó de la producción.

Quizá, entre las telenovelas mejor libradas de sus comentarios estuvieron Esmeralda de 1997, la cual, fue otro éxito arrasador en el extranjero, La Que No Podía Amar (2011), Un Refugio para el Amor (2012) y Sin Tu Mirada (2017).

Los famosos productores internacionales José Enrique y Malú Crousillat que hicieron Morelia (1994) en coproducción en Televisa, tuvieron una mala recepción de esa telenovela. Fue tan pésimo el resultado que se le catalogó a Alpha Acosta, por un tiempo, como la peor protagonista en la historia del melodrama.

El lado contrario de la moneda

Aun con estos antecedentes, alguien sí respetó y conservó el estilo de Delia. Fue en Perú en la cadena América Televisión. Esta empresa en su momento, generó unas telenovelas tan exitosas que hasta fue considerada una muy importante promotora del melodrama.

Figuras de todos lados iban a Perú a protagonizar o antagonizar, entre ellos, Mariana Levy o Mariela Alcalá.

Allí se hicieron maravillas como Luz María (1997) con Angie Cepeda y Christian Meier donde se respetó el argumento de Lucecita/El Ángel Perverso, sin embargo, su modificación más significativa fue hacerla de época.

Otros éxitos que se hicieron fueron Leonela… Muriendo de Amor (1997), María Emilia Querida (1999), Milagros (2000) y Soledad (2001).

Y tal como se dijo anteriormente, su adaptación más acertada, Pobre Diabla, fue re-hecha con la autora cubana como adaptadora junto a Ximena Suárez.

Legado

Hablar de Delia Fiallo es hablar de pasión.

La señora es un ejemplo para todos a los que nos gusta escribir, una figura de superación, que desafió y atravesó la dictadura de su país. Todos sus problemas los volvió obstáculos que encantaron a millones en el mundo.

La misma escritora se volvió una de las voces más críticas y feroces de las telenovelas en sus restantes años de vida.

Se nos fue la última voz fuerte del melodrama, se nos fue la era dorada de los pioneros. Ojalá que los escritores de la siguiente generación luchen por continuar con tramas decentes y dejen de rendirse, porque si algo tuvo la dramaturga es que jamás tiró la toalla.

Descanse en paz, Delia Fiallo.

 

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