Lo bueno y lo malo de La Otra

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Introducción

Finalizó recientemente la exitosa retransmisión de La Otra por TLNovelas, la primera de la trilogía protagonizada por Yadhira Carrillo y producida por Ernesto Alonso, a lado de Juan Soler, Jacqueline Andere y Sergio Sendel.

Cuando yo veía este título y solo existían algunos videos por Internet, me remontaba mucho a la idea de La Usurpadora (1998), pero es mucho más que eso. La Otra es un espectáculo de metáforas y realismo mágico. Tenemos misticismo, una historia de amor y una trama interesante para la superación, contada desde una óptica surrealista.

La Otra es una de las telenovelas más artísticas que he revisado y a la vez, de las más crueles.

Un toque de “Alicia en el País de las Maravillas”

Con respecto a la telenovela La Otra, muchos especialistas pueden coincidir que es una de las últimas historias más representativas de “El Señor Telenovela” y aunque es muy interesante el hecho de resaltar el tema de “la doble”, -el cual ya habíamos visto en Sandra y Paulina (1980) con Jacqueline Andere– retomarlo de la manera en cómo fue tratado esta vez, dejó una vara muy alta para volverla a replicar.

En la cultura cinematográfica y televisiva hemos visto referentes con el argumento de Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a Través del Espejo. En esas obras encontramos personajes contrarios en un lugar donde todos parecen estar “locos”. Además, hay un guía en forma de gato que te puede orientar.

Entre estos libros del autor Lewis Carroll, se ubican personajes como La Reina Roja y La Reina Blanca, además de Tweedledee y Tweedledum, quienes recitan un críptico poema que se presta a muchas interpretaciones.

Lo anterior es un contexto para el pueblo de San Pablo, un lugar que los personajes más ambiciosos criticaban porque decían que no había nada interesante, sin embargo  ahí ocurrían los hechos mágicos del enredo. En San Pablo es donde se encontraba la perspectiva contraria de nuestra protagonista Carlota  Guillén llamada Cordelia Portugal, ambas interpretadas magistralmente por Yadhira Carrillo.

El guía que hablaba en metáforas era Benigno, interpretado por su enigmático intérprete Carlos González. Este es un personaje clave muy importante y que le da sentido al realismo mágico de la historia. En él tenemos al conector entre la realidad y lo espiritual.

La aparición de “El Cisne Negro“

Si La Otra hubiera sido hecha con esta calidad para el año 2011, ya tendríamos un referente en la cinta El Cisne Negro (2010) protagonizada por Natalie Portman. La película donde la protagonista ganó el Oscar, aborda el tema del doppelgänger y cómo una chica tímida va enfrentando las circunstancias para madurar trágicamente. Portman también le da vida a una doble que veía rondando varias veces en la obra de El Lago de los Cisnes, interpretando a la vez a la leal Odette y a la perversa Odile.

Este es el rol que funge Carlota en la telenovela, una muchacha tímida, acomplejada y destruida mentalmente por las humillaciones de su destructiva madre Bernarda Sáenz (Jacqueline Andere).

Cuando Carlota sale de la prisión maternal es cuando deberá encontrarse así misma para interpretar un rol totalmente diferente, el de su doppelgänger o llamémosle también, su “Cisne Negro”: Cordelia. Lo que vemos en los últimos minutos del final es una combinación de las dos, ella pudo madurar y dejar de ser una niña.

Si estos referentes se hubieran visto más claros por aquel 2002, quizá las personas que hablaron mal de esta historia, no lo habrían hecho.

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Una telenovela artística

Después de Cadenas de Amargura (1991) consideraría a La Otra como la telenovela más artística que he visto y como lo comenté en mi crítica hacia Amarte es mi Pecado (2004), Ernesto Alonso fue una figura extraordinaria y culta para el género melodramático por las múltiples referencias utilizadas en sus historias.

Dentro de lo que podemos encontrar como referencias, esta la gran villana Bernarda Sáenz viuda de Guillén, encarnada por Jacqueline Andere. Este personaje se basa en la protagonista de la célebre obra La Casa de Bernarda Alba, que popularmente protagonizó Ofelia Guilmain en los años 70. Casualmente (¿o no?), Guilmain es quien hace a la mejor amiga de esa matriarca en la telenovela.

En el personaje del mimo Narciso, interpretado por Alfonso Iturralde, su pasado es una clara referencia al mito griego del mismo nombre, un joven vanidoso que lograba captar la atención de todo el mundo, recibiendo un final trágico.

La telenovela tiene muchos guiños con la cultura de los circos y es aquí donde podemos encontrar personajes tan pintorescos y crueles en el pueblo o la ciudad. Todos conectados, repasando sus actos, dando lo mejor de sí tras máscaras y maquillaje.

Pese a lo increíble que es el hecho de las dobles Carlota y Cordelia, es innegable que podemos ver un espectáculo en cada uno de los personajes. Todos usan alguna vez una máscara para defender sus intereses, ocultar sus inseguridades o salvarse del peligro, incluso, hasta los más pequeños papeles.

Paralelismos

Y alejándonos de referencias, había múltiples paralelismos entre los mundos de Carlota y Cordelia, por ejemplo, la primera y su hermana, Eugenia (Mercedes Molto), eran parecidas al personaje de Matilde (Lupita Lara), la segunda junto a Apolonia (Verónica Jaspeado) comparten la ambición de Bernarda (Jacqueline Andere), hasta protagonizan sucesos similares de esta con su prima Fabiana (Maty Huitrón). Como dicen por ahí, parece que el destino o la naturaleza les entregaron las hijas equivocadas a las madres incorrectas.

Por si fuera poco, los primeros capítulos también notaban el parecido físico, incluso en el peinado de las dos víctimas de Román Guillén (Alejandro Ávila), Eugenia y Julieta (Shirley), no es de sorprenderse que al final Carlota considerara a la segunda como una hermana.

La telenovela juega también con los aspectos de las casas y los objetos. La importancia de cada uno en las situaciones como la medalla de Fabiana o el collar de Cordelia, merece hacer más análisis de la trama.

En los inicios había escenarios muy vistosos como una pedida de mano en un restaurante donde se notaban retratos de María Félix y Frida Kahlo o hasta una boda indígena.

Y yéndonos a las cuestiones audiovisuales, sin lugar a dudas, La Otra se lleva las palmas por ser una historia con una de las mejores bandas sonoras y dirección de cámaras.

Villanas fuertes

Los antagonistas principales de La Otra son muy interesantes porque se les puede hacer varios análisis, pero es increíble el carisma que tenían porque muchas veces rompían en sí, al mismo drama.

Jacqueline Andere hacía una siniestra interpretación con tintes humanos, concluyendo que era un personaje autocastigado por sus problemas amorosos. Tenía un vicio por el dinero, pero jamás la veíamos derrochando lujos o comprando constantemente, solo acumulando. Se puede entender que Bernarda, tal como se lo dijo Mireya (Azela Robinson), valía tan poco (o se sentía tan poco valerosa) que el dinero era su escudo.

¡Increíble Yadhira Carrillo como Cordelia Portugal! La escritora Liliana Abud y la actriz hicieron un personaje con gracia y que hacía maldades deliciosas. Ella era algo así como la parte juvenil de Bernarda, ambicionando ser la principal con un aura de impostora. Aunque no era la más inteligente, vaya que sus maldades sí afectaban a terceros, especialmente a Carlota. Es una tristeza que solo haya estado en 51 capítulos de 89, más en algunas alucinaciones en la mente de Adrián.

Es interesante cómo Verónica Jaspeado ya pintaba para ser una actriz sumamente talentosa, tan es así que volvió a trabajar con Ernesto Alonso y Benjamín Cann en su siguiente telenovela Amarte es mi Pecado (2004). El personaje de Apolonia parecía una referencia a Fabiana (Maty Huitrón), en momentos también a Bernarda. Tan es así que, en los últimos capítulos, el look elegido para “revelar su verdadero ser” era un peinado muy parecido al de la villana principal.

Villanos tridimensionales

Sergio Sendel nació para ser Adrián Ibáñez. ¡Que personaje tan carismático y sufrido por dentro a la vez! Fue una buena representación al esquema del trauma. Aunque tuvo un núcleo familiar aparentemente sólido, distinguió con mayor susceptibilidad el hecho de caer como un segundón al ser adoptado. Su abandono lo hizo distorsionar las situaciones y terminó por quebrarlo. Después, para sobresalir y ser reconocido hizo cosas terribles, pero tampoco se las premiaron lo suficiente. Cuando las situaciones se salieron de control empezó su terrible psicopatía.

Y quedé muy sorprendido por ver a Manuel Ojeda en un villano cómico. Juan Pedro era machista, terrible, incluso maltratador, pero le dieron unos diálogos tan buenos, sumados a una actuación del primer actor indiscutiblemente excelsa. Él ha sido uno de los alcohólicos más convincentes de las telenovelas.

La sombra del incesto

Me gustan mucho los melodramas de época y de vanguardia realista, pero el realismo mágico da bastante material para hacer debates psicológicos como los mencionados anteriormente.

La Otra fue una telenovela donde se trató el incesto en varias vertientes. En los primeros capítulos era muy perturbador ver la relación entre los supuestos medios hermanos Román Guillén (Alejandro Ávila) y Eugenia Guillén (Mercedes Molto). Al poco tiempo se descubrió que no tenían lazos sanguíneos, pero esa retorcida venganza vaya que fue enfermiza.

Por si fuera poco, el incesto siguió y ahora más explícito con el personaje de Adrián, quien llegó a besarse con su prima Carlota, y hasta tener intimidad sexual con su tía Bernarda.

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Más temas polémicos

Lázaro (Julio Bracho) compite con Carlota por el puesto del personaje más sufrido. Por culpa de Adrián queda impotente, para el cual, no encuentra una cura sencilla y después cae en la cárcel. Con su trama hay que prestar mucha atención, porque nos dan una sola escena para revelar su otra terrible verdad. En una corta escena nos muestran el instante en que se acercan para dejarle una cicatriz y nos dan a entender que fue víctima de violación. Tener que vivir en un mundo encarnado por el machismo de su padre Delfino Arriaga (Jorge Vargas) lo hacen condenarse muchas veces.

La Otra es también la telenovela donde más sacerdotes he visto y cada uno con su perspectiva de vida, ideal o análisis de concepción sobre prudencia, bien o mal. Con Delfino se exploró el tema del ateísmo mediante trauma, aunque solo a mitad de la telenovela.

Los vicios también jugaron una parte importante. Tenemos el del dinero por Bernarda y el alcoholismo de Juan Pedro, padres de Carlota y Cordelia, respectivamente.

La influencia parental es también algo que se vive en varios de los personajes y cómo gracias a ello se trauman o cometen muchos errores. Específicamente, el caso de Carlota muestra cómo una psique puede irse quebrando con el tiempo, mediante el maltrato, el encierro y los chantajes. Cuando cae en una locura temporal se hace una referencia a la Emperatriz Carlota, personaje muy en la mente de Ernesto Alonso por sus telenovelas históricas (Carlota y Maximiliano, El Carruaje y El Vuelo del Águila).

Primeros actores

Fue increíble ver un elenco lleno de maravillosos actores. Pasaban y pasaban los capítulos y no dejamos de observar rostros de gente trabajadora, sin poses, ad hoc de lo que estaban representando.

Juan Soler hizo una interpretación apasionada sobre lo que un galán de telenovelas tendría que ser. Su actuación no diluyó en ningún momento.

Menciones honoríficas a la intrigante Fabiana hecha por Maty Huitrón, la fuerte Tomasa de Josefina Echánove, la entrometida Sabina en la piel de Ofelia Guilmain, Azela Robinson saliendo dignamente del confort con Mireya, la sufrida Matilde hecha por Lupita Lara y un hombre de carácter con buen corazón, Justo, interpretado por Luis Couturier

Otra mención se la debe llevar Carlos González como Benigno. ¡Gran fuerza de este actor para representar al emblema de la telenovela!

Jorge Vargas empezó siendo un villano y al final nos dimos cuenta que solo era alguien tratando de ocultar sus tristes sentimientos. Delfino Arriaga se terminó volviendo un personaje entrañable.

En general muy buen trabajo de todo el elenco, primeros actores fuertes como Alfonso Iturralde, Lucy Tovar, Rosa María Bianchi, Virginia Gutiérrez, Zoila Quiñones, Roberto Antúnez, Eugenio Cobo, Gastón Tusset, Sergio Ramos “El Comanche” y María Prado, por mencionar algunos de los muchos que pasaron.

Elenco de soporte

Además también disfrutamos a personalidades jóvenes junto a experimentadas. Tal es el caso de Julio Bracho, Alejandro Ávila, Isadora González, Virginia Gimeno, Toño Mauri, Ignacio Guadalupe, Sergio Sánchez, Antonio de la Vega, y Shirley entre otros.

¡Hasta los niños se lucieron! Carlos Speitzer y Natasha Dupeyrón lucieron sus tablas y aún continúan vigentes. Aplaudo los trabajos también de Cosme Alberto y Annie del Castillo.

Felicito enormemente a Benjamín Cann porque siento que ha sido uno de sus mejores trabajos en direcciones escénicas.

Lo malo

Desafortunadamente no todo es maravilla y tal como lo enfaticé en la crítica de Amarte es mi Pecado y que, en ese tiempo, donde la competencia con TV Azteca prevalecía, la protagonista sufrida era un estigma de inferioridad y cliché. Aunque defiendo el perfil de Carlota y cómo fue construida, es innegable que su exceso de llanto era muchas veces hasta innecesario. Repito, admiro la capacidad actoral de Yadhira Carrillo, pero sí se ensañaban mucho con ella en esta cuestión.

La primera parte de La Otra la catalogaría del capítulo 1 al 59, fácilmente podríamos deducir que esto es una primera temporada, incluso se cierran algunos núcleos. Del 60 al 89 es una segunda parte donde vemos el arco de la usurpación. Es en esta parte que la trama empieza a tener ciertos detallitos que le restaron calidad.

La débil recta final

Por ejemplo, algunas escenas incongruentes, actores confundidos en sus diálogos, sucesos que se desarrollaban de una forma y acababan de otra. Además de que es en este punto donde se da el cliché más remarcado de la trilogía, los personajes oyendo conversaciones tras las puertas a diestra y siniestra.

Y lo peor, los personajes de Mónika Sánchez, Macaria y Juan Peláez.

El personaje de Regina siento que fue una reinterpretación de Nadia en Laberintos de Pasión (1999) hecha por la misma Mónika Sánchez, solo que sin tanta malicia y buenos sentimientos. Ante la ausencia de una antagonista sensual como Cordelia, el que entrara este personaje bien podía causar cierta interacción entre los protagonistas. El problema fue que su trama resultó muy incongruente por donde se le viera.

Los padres más negligentes del mundo (Macaria y Juan Peláez) impiden a toda costa que su hija se entere que va a morir, mientras ella monta a caballo, se arregla, luce escotes, baila, todo como si nada en el típico cliché de la enfermedad mortal que jamás nos revelan su nombre.

La joya más terrible, el final. A lo que pudieran pensar muchos, no me desagrada el desenlace de Bernarda, siento que el mismo señor Alonso se autoreferenció colocándonos situaciones que se vieron en Yo Compro Esa Mujer (1991), La Sonrisa del Diablo (1992) y Laberintos de Pasión (1999). Como homenaje estuvo bien, el problema es que todo estaba tan a las carreras que perdíamos el hilo conductor. Un malestar de Natalia (Natasha Dupeyrón) innecesario, una Carlota involucionada en segundos después de enfrentarse a su terrible madre para luego intentar irse por dejar a la desahuciada Regina ser feliz y la persecución de los villanos que en momentos se veía caricaturesca. No se cerraron ciertos ciclos adecuadamente y como decía en críticas pasadas, esto era muy habitual para Orlando Merino y Jaime García Estrada, sus adaptadores.

¡En las telenovelas de esta pareja sí urgía final dominical!

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Conclusión

Lo único que me da tristeza es que debo cerrar el artículo cuando de La Otra podría estar hablando muchísimas más cosas. Quizá en un futuro retome algunos detalles.

Una de las telenovelas más artísticas, movidas, mágicas y tradicionales que se han hecho, ya que no solo reúne las bases elementales del melodrama, lo lleva más allá y explota sus riquezas, algo que solo un grande como Ernesto Alonso podía lograr.

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