Lo bueno y lo malo de Mi Segunda Madre

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Introducción

Hace años se retransmitió por TLNovelas la producción de Juan Osorio y Alessandro Jacchia, Mi Segunda Madre de 1989. Fue protagonizada por María Sorté, Enrique Novi y Daniela Castro, con un argumento en versión libre del polémico como célebre Eric Vonn.

Aquella vez hice una crítica donde hablaba muy generalizadamente de la misma, ahora puedo hacerlo de una forma más desglosada.

Sin duda, esta telenovela reafirma mi admiración por un escritor, que en aquel entonces era todavía joven en el campo y logró despegar por su indiscutible estilo: Eric  Vonn. Al volver a ver esta telenovela lamento el hecho de que Juan Osorio dejara de apostar por melodramas fuertes y de gran calidad.

Nuevos nombres, renovaciones andantes

En la crítica de aquella vez, enfatizaba cómo un proyecto tan novedoso que trató temas fuertes como las diferencias de edad en las relaciones, muy sutilmente la homosexualidad y bisexualidad, el alcoholismo, la violencia intrafamiliar, la esclavitud sexual, las violaciones, etc., estuviera en un horario tan bajo, tal como les pasó a varios melodramas en la década pasada.

Conociendo más el contexto, en aquella época, las barras horarias eran dominadas por Ernesto Alonso y Valentín Pimstein, los productores más importantes, cuyos estilos eran sumamente reconocidos.

En Televisa hacían faltas visiones nuevas que se adueñaran de los grandes horarios. Fue en los años 80 que otros productores lograron interesantes trabajos, aunque en horas más tempranas. Algunos tuvieron la oportunidad de ascender por sus méritos, tal es el caso de Carlos Téllez (Cuna de Lobos), Carlos Sotomayor (Pasión y Poder), Lucy Orozco (Teresa) y Carla Estrada (Quinceañera).

Juan Osorio, por ejemplo, fue otro de los jóvenes productores que arrancaron con proyectos vanguardistas y escaló poco a poco.

Ante un panorama de “competencia 0”, los únicos competidores eran Pimstein vs Alonso, sin embargo, las visiones de aquellos productores que iban escalando, tenían otras propuestas igual de interesantes, sin dejar a un lado el melodrama.

Considero que Mi Segunda Madre era digna de un horario estelar, sin embargo, en ese horario que le tocó, brilló al grado de convertirse en un clásico y una de las tramas más aplaudidas de aquel 1989.

Las desventuras de Daniela Lorente

Eric Vonn es un experto en hacer deconstrucciones del melodrama habitual. Anteriormente lo había hecho en Amor en Silencio (1988). Lo que nos esperabamos de Mi Segunda Madre, estando basada en un argumento del argentino Abel Santacruz, era un melodrama familiar. Pensábamos que era la trama de una buena mujer intentando acercarse a una niña que había perdido a su madre, pero no, esa solo es la base para adentrarnos a los macabros temas de la telenovela.

Acompañadas de un exquisito humor negro, las crueldades no pararon de aparecer en la vida de Daniela Lorente, excelentemente interpretada por María Sorté. Daniela Lorente en mi opinión, es una de las protagonistas más buenas y caritativas de las telenovelas. Cada acción la hace de manera desinteresada. Ella resalta por su humildad, destella gracias a sus buenos valores y es admirada por sus impecables trabajos en el diseño de modas.

Pese a todo, Daniela no solamente es buena, también llega a sentir rencor, incluso contra la hija no sanguínea que tiene, por sus terribles traiciones. Ese personaje lleva por nombre Mónica (Berenice Domínguez de niña y Daniela Castro de adulta).

Lo que podría parecer el típico argumento de valores familiares y superación, aquí es todo lo contrario. Llega el momento en que odias tanto a Mónica como a su padre, Juan Antonio (Enrique Novi), quien fue capaz de serle infiel a su esposa, casi porque sí.

Daniela no solo tiene que pasar por esto. Su primer marido, Alberto (Fernando Ciangherotti) casi le roba todo lo de su propiedad; se salva de ser abusada por el mejor amigo de él; se vuelve enemiga de Irene (Alejandra Maldonado), una vengativa mujer que planeó su asesinato al grado de hacerla perder al hijo que esperaba, imposibilitándola a ser madre para toda la vida; la violan; es acusada de intento de asesinato; por poco muere de una enfermedad y al final renace.

Daniela es un buen retrato de las personas luchonas y buenas que son injustamente castigadas por los demás, incluso por quienes había dedicado su vida, momentos y confianza.

Villanas ruines y multifacéticas

La que parecía una gran antagonista en un principio era el personaje de Amanda, interpretada magistralmente por la desaparecida actriz Blanca Torres. Una mujer de vecindad, amargada, que les hacía la vida imposible a su hija y nietos. La realidad es que había sido educada de una forma donde la rectitud y firmeza eran esenciales. Además Amanda odiaba el lugar donde vivía, sin embargo, al cambiar de hábitat, su carácter se modificó, convirtiéndose en una de las heroínas más asertivas de la trama.

Irene Montenegro personificada por Alejandra Maldonado fue sin duda una villana que tuvo muchas facetas a lo largo de la trama. Parecía una mujer ególatra, en tono antagónico de novela infantil, sin embargo, después le vimos sensualidad, picardía, humor negro y ocurrencias. Con el paso del tiempo, casi se reivindicó cuando supo moribunda a la que fue su mejor amiga, Raquel (Raquel Morell), sin embargo, fue engañada y volvió a hacer de las suyas.

Hay un momento en la telenovela en que podemos empatizar con la misma Irene. Sus ambiciones son productos de traumas y fue esclavizada sexualmente por su primer marido. Su martirio fue ser sometida por ancianos depravados a los que ella denominaba “cadáveres vivientes”.

Irene nunca pudo hacer nada por ella misma. Aunque cayó en el sueño del amor con ilusiones de ser madre, no le quedó más remedio que optar por una mala vida.

La problemática Leticia

Por parte de Leticia, fue una antagonista excelente en sus dos facetas. Siendo una niña interpretada por Alejandra Gollas y de adulta por Cynthia Klitbo. Es increíble, porque estaríamos hablando de una de las primeras villanas infantiles poniendo en aprietos varias veces a los personajes maduros principales, para después hacerlo como una joven que se involucra con el marido de la protagonista.

Tal como en Vivir a Destiempo (2013), hubo un momento en que la villana juvenil le robó cámara a la madura, en este caso a Irene.

Con Leticia también podemos empatizar y desmenuzar sus problemas desde su familia. Tenía una madre terrible llamada Angélica (Irlanda Mora), que nunca tuvo límites del marido, Roberto (Mauricio Ferrari), además, tuvo que soportar a un hermanito castrante. Se puede sentir mucha pena por su caso.

Un villano detestable

Y dejo un espacio aparte para el Alberto Saucedo de Fernando Ciangherotti. Este villano es una joya porque contrasta con todo lo que nos pudiéramos esperar. Es un bicho, un criminal que debía ser erradicado, pero con grandes traumas por haber parado en la prisión. Su participación más protagónica es en la segunda parte de la telenovela, siendo capaz de llevar a uno de sus hijos a la muerte sin el menor remordimiento.

Hay quienes dicen que este personaje era homosexual, pero viendo su comportamiento con Mónica e Irene, más el principio, diría que era bisexual. También a su compañero hombre, David (Roberto Palazuelos), le hizo la vida igual de miserable que a ellas, entre las esperanzas e ilusiones, frustrándolo. Alberto fue un antagonista que experimentó gusto por las personas. Desafortunadamente, todo lo que tocaba, lo destruía. A él le dieron una dirección maquiavélica, tragicómica y llena de movimientos increíbles.

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Personajes al estilo Vonn

Lo que me encanta de las telenovelas del célebre guatemalteco es que contienen personajes asombrosos. Estos personajes muchas veces son la voz de la razón, disfrazados entre el humor negro y la comicidad.

Ellos hacen tan buen trabajo envolviendo al relato melodramático en un aura de risas, que cuando pasan las tragedias, todo se para en seco. ¡Esa es la magia de Eric!

En este caso, esos personajes recaen en varias personalidades.

Una galería de perfiles muy especiales

Anteriormente, destacaba a Amanda como un personaje sensato, sin embargo, cuando hacía maldades o razonamientos, tenía unas expresiones coloquiales que daban gracia.

Lolita, hecha por la magnífica Ada Carrasco tenía unos debates feroces con su hijo, Manuel (David Rencoret), ya que la “joven” era ella y él, un “viejo” al que debían darle empujones para que disfrutara su juventud. El personaje era una demostración que la vejez puede estar en el cuerpo, pero no en la mentalidad. Aventurada, se subía a la moto, le importaba poco el “¿qué dirán?”, se casó dos veces y no paraba de “darle vuelo a la hilacha”. Sin duda ella es un gran ejemplo a seguir.

Gina interpretada por Gina Morett es una de las mejores amigas que cualquiera quisiera tener. Indiscreta, imprudente, cómica, pero bastante leal (aunque no en su matrimonio). Un personaje con muchos errores, sin embargo, no se cansaba hasta enmendarlos.

Los esposos parcos interpretados por Liliana Abud y Juan Verduzco, parecían hermanos. Ellos tenían unos comportamientos robotizados, enigmáticos y hasta doble intencionados. La trama de ella despega cuando se separa de él para juntarse con un jardinero varios años menor, Ramón (Héctor Suárez Gomís), y tuvo soportar las burlas de casi todos.

Con su alcoholismo, el personaje de la primera actriz Angelina Peláez nos podía causar pena, pero le daban unos diálogos totalmente risibles.

Finalmente Matilde  -ingeniosamente interpretada por Alejandra Espejo– representa a la consciencia de Irene, aquella que no le gusta escuchar, pero evita que se vaya. Una ama de llaves entrometida, pero peculiar con su lenguaje y que, tal como Amanda, era bastante asertiva con sus comentarios.

Personajes polémicos

Para muchos es fácil decir que la trama homosexual solo se dio entre los personajes de Fernando Ciangherotti y Roberto Palazuelos, sin embargo, no es así. La única “familia” o “convivencia” que tuvo el villano en la prisión es de los hombres con quien mantuvo intimidad forzada y permitida, por lo que, en varios diálogos, estos dos personajes,  Germán (Gabriel Pingarrón) y “El Chamuco” (Jesús Vargas), se hablaban peculiarmente con el cruel delincuente,.

Alfredo Adame hizo uno de sus primeros personajes en telenovelas en el papel de un pobre alemán utilizado varias veces por Gina. Hans era un buen hombre, de los más nobles, casi como Daniela, pero también era una demostración de cómo una persona cotidiana puede quedar deslumbrada por “lo nuevo”, en este caso, él representaba esa parte.

María, interpretada por Irma Lozano, después de haber hecho a la noble y distinguida Paulette de Rosa Salvaje (1987) nos demuestra que una verdadera actriz es versátil. Ahora le tocó ser una mujer humilde que tuvo que separarse de su gran amor, Ignacio (Ernesto Gómez Cruz), por circunstancias del destino. Su dolor en esas escenas fue brutalmente representado.

Elenco y dirección

Es muy interesante hablar de cada personaje de Mi Segunda Madre, pero quisiera resumir todo felicitando a los grandes directores, leyendas como Miguel Córcega, Irma Lozano y José Caballero.

Estupendo trabajo realizaron los experimentados Claudio Báez, Arsenio Campos, David Rencoret y los primeros actores, Irlanda Mora, Mauricio Ferrari, Carlos Riquelme y Abel Salazar, estos últimos dos como los galanes de Lolita (Ada Carrasco).

En la telenovela aparecieron figuras jóvenes como Andrés Bonfiglio, Diana Ferreti, Teresa Guízar y María Almela que se iban abriendo paso a paso por la actuación. La mayoría se volvieron artistas emblemáticos de los melodramas, tal es el caso de Toño Mauri, Roberto Blandón, Roberto Palazuelos, Lola Merino, Ana Bertha Espín, Raquel Morell y Alejandro Aragón.

Fue interesante ver cómo Christian Castro se fue formando dentro del mundo de las telenovelas con pequeños papeles y generó en Rubén a uno de esos desencadenantes de tragedias, clásicas de Vonn.

Muy bien por el elenco infantil, aunque destaco los trabajos de Berenice Domínguez, Alejandra Gollas, Lupita Ochoa, Héctor Pons, José María Torre y Francesca Guillén.

Incluso destaco participaciones muy breves como las de Andrea Legarreta, Graciela Bernardos, Polly y hasta de Anna Ciocchetti quien solo tuvo una escena significativa en medio de la comicidad.

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Detalles de producción

Utilizar el tema de The Art of Noise, “Moments In Love como un tema instrumental general que encabezaba casi todas las situaciones del enredo fue un acierto. De ella se aprovechaban ciertas partes para contar el relato, convirtiéndola en una banda sonora icónica de un melodrama.

Las dos entradas me parecieron muy bien realizadas y nos llevaban a ese proceso inmediato de deconstrucción del melodrama infantil a uno adulto, bien engalanadas por el tema “Sola” de María Sorté.

La escena final de la telenovela es digna de pasar a la historia del melodrama mexicano tal como es el caso de Cuna de Lobos (1986), El Maleficio (1983), Cuando Llega el Amor (1990) y Cadenas de Amargura (1991).

Lo malo

Se me hizo muy eterno el crucero del principio e incluso varios cierres de capítulo sin chiste. Estas dos vertientes me demuestran que, en efecto, estábamos en aquel entonces bajo un esquema de “competencia 0”, por lo tanto, había menor preocupación de cómo se emitía el producto.

La trama de Mi Segunda Madre termina agarrando un color significativo desde que Daniela conoce a Mónica hasta el final de la telenovela. El crucero es solo un buen pasatiempo para el lucimiento de Irene, Gina y Hans.

Al principio no me convencía mucho la actuación de Enrique Novi, en momentos, desconectado con el papel. Sus escenas fanserviceras son un antecedente a lo que hicieron con muchos galanes de telenovelas tiempo después. Su actuación quedó en decente, pero el personaje sufrió una de las involuciones más atroces con su infidelidad, sin mencionar que en muchas ocasiones Juan Antonio era clasista, déspota y machista.

Lo mismo sucede con la Mónica de Daniela Castro. Eric Vonn se desquitó cruelmente con este personaje, porque es uno de los más tontos, incongruentes y poco empáticos de los que he visto.

Algo muy fantástico e increíble es que los personajes veían las actividades de Alberto como “dirigir orquestas imaginarias”, hacer imitaciones o retorcerse en el suelo como un gusano, de manera muy normal, como si eso fuera bastante habitual. Esas escenas me desconectaban pensando que estaban demasiado alejadas de la realidad.

El personaje de Gastón Tuset en los últimos capítulos prometía ser el galán de Daniela, pero estaba casi de relleno, solo para generar tensión e incertidumbre.

La insistencia persistente de todos los personajes para que Daniela se reconciliara con Juan Antonio, fue otra de las cosas más pesadas de la segunda parte.

Conclusión

Mi Segunda Madre fue muy importante para aquel 1989 porque es una exposición de temas tabú en un horario temprano, siendo una pionera para que muchas telenovelas de vanguardia realista se atreviesen a contar más allá de estos temas

Fue un melodrama hasta en cierto punto, elegante, con demasiadas emociones que me hacen decir, ¡Eric Vonn eres un genio!

Además, es una gran pena que Juan Osorio no continuara produciendo con una dignidad tremenda como lo hizo aquí, y también el hecho de no volver a ver el trabajo del productor Alessandro Jacchia en otra telenovela.

Mi Segunda Madre es una telenovela que, sin duda, los amantes del melodrama y lo bien realizado disfrutarán tanto como los que les encanta la crueldad, giros de trama o situaciones reflexivas. ¡Bravo a una gran producción de los ochenta!

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2 Comentarios

  1. kei dice:

    la unica telenovela buena de juan osorio

  2. Alejandro dice:

    Vaya nivel de esta historia una de las mejores telenovelas de la historia de Televisa. Lastima que ahora Juan Osorio haga cada barrabasada vomitiva. Daniela es una de las mayores heroínas de las telenovelas mexicanas y la actuación de Maria Sorte es excelente.

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