Lo bueno y lo malo de Mujer de Nadie

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Introducción

Cerró este viernes la telenovela Mujer de Nadie, remake de Amarte es mi Pecado (2004), producida por Ernesto Alonso, escrita por Liliana Abud, Orlando Merino y Jaime García Estrada. En esta ocasión, la producción corrió a cargo de Giselle González, bajo el argumento de Leonardo Bechini (Imperio de Mentiras), María Elena López (Imperio de Mentiras) y Claudio Lacelli (Cuna de Lobos), además contó con la asesoría literaria de su misma productora.

Livia Brito y Marcus Ornellas fueron los responsables de protagonizar este enredo que anteriormente hicieron Yadhira Carrillo y Sergio Sendel.

Mujer de Nadie es una demostración perfecta que nuestras expectativas nos pueden traicionar. Comienzo este artículo desde una opinión pesimista y confesando que me preocupa el rumbo que tomará su productora en siguientes proyectos.

Les explicaré detalle a detalle por qué pienso esto.

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La traición de una expectativa alta

Enterarme que Giselle González haría el remake de una telenovela de la trilogía Yadhira Carrillo-Ernesto Alonso, me emocionaba mucho. En lo personal, siempre pensé que la telenovela más idónea para esta productora era Barrera de Amor (2005), sin embargo, Televisa le asignó la más polémica de las tres: Amarte es Mi Pecado.

Algo que me mantenía, quizá un poco más tranquilo eran varias cosas:

Giselle González trabajó en Huracán (1998) como productora asociada de Alejandro Camacho y Rebecca Jones. Evidentemente conocía el estilo de Orlando Merino y Jaime García Estrada, los adaptadores de Amarte es Mi Pecado.

Pese a ser una telenovela tradicional, Amarte es Mi Pecado tocaba temas que Giselle  ha tratado en determinadas ocasiones: la arriesgada labor periodística en México, el narcotráfico y el tráfico de influencias.

Para el personaje de Isaura que inmortalizó Sylvia Pasquel en la original, siempre deduje que la única a la altura de volver a sacar este papel con dignidad era Cynthia Klitbo, por lo que mis esperanzas aumentaron cuando ella fue la elegida de rehacerla.

El elenco que estaban reuniendo -hay que admitir que no me podía esperar uno magistral de figurones como en su original- pero estaba siendo compuesto por grandes actores con buenos historiales, tal es el caso de Azela Robinson, Verónica Merchant, Plutarco Haza y Rosa María Bianchi.

Además estaría María Penella, una joven intérprete a la que le iban a dar la oportunidad de representar una Casilda realista y con la calidad actoral de la muchacha me emocionaba aún más.

Marcus Ornellas tras un buen sabor que me dejó en Si Nos Dejan, me parecía acertado que él fuera el protagónico a lado de Livia Brito.

En su momento, sentía que Livia, aun cuando estuvo en telenovelas tan malas como Triunfo del Amor (2010) y Abismo de Pasión (2012), sumado a su exitoso protagónico en De Que Te Quiero, Te Quiero (2013), contaba esa garra actoral, un buen llanto y un peso escénico que podría ir a más. Consideraba que ella pudo haber sido una buena protagonista de Ernesto Alonso, de hecho, Mujer de Nadie, sería el segundo remake que protagonizaría de este productor, después de Muchacha Italiana Viene a Casarse (2014).

¡Todo era perfecto! Consideraba que se había podido cuadrar el proceso productivo-literario de manera adecuada e idónea. Además, en la dirección escénica estaría Fabián Corres, quien hizo un buen trabajo en Vivir a Destiempo (2013) donde combinaba el drama y la comedia estupendamente.

Entonces, me senté a ver las primeras semanas de Mujer de Nadie y ahí fui donde reconocí que mis expectativas me traicionaron. No puedo decir que es un desastre lo que vi, pero es un resultado totalmente olvidable y me duele, en verdad, porque si en alguien confié en su momento fue en el trabajo de Giselle González.

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¿Giselle González es una productora involucionada?

Pueden percibir en mi crítica a la versión 2019 de Cuna de Lobos, que aún pese al fracaso y la decepción de aquella adaptación, tenía la esperanza que Giselle González recobraría camino, pero no. Llegó un Imperio de Mentiras (2020) con destacadas actuaciones, pero un estancamiento infernal y ahora una Mujer de Nadie (2022) con notorios defectos preocupantes.

La misma productora mencionaba en entrevista que ahora le tocaría hacer un melodrama tradicional y sería un reto. Tomando en cuenta que su estilo va más dirigido a la telenovela realista, Mujer de Nadie, evidentemente fue un desafío, sin embargo, ella pensó que hacer una producción clásica consiste en invadirla de clichés y falsos suspensos.

De un tiempo para acá veo que sus desenlaces son típicos como de cualquier telenovela de Televisa. La empresa le da historias alejadas, de lo que siento, ella hubiera elegido propiamente. No hay que olvidar los rumores que dicen que la empresa le ha controlado de principio a fin lo que va a exponer en su contenido o que hasta le impone a sus actrices protagónicas.

Lo que puedo decir es que Mujer de Nadie tuvo cosas buenas, de las que estaré comentando en breve, sin embargo, sentía que muchas de las situaciones se escribían mediante ocurrencias.

Tomemos en cuenta algo, Leonardo Bechini lo he comentado varias veces, es un maestro en colocar a los personajes en disyuntivas morales que hacen debatir al público y ha generado una mancuerna interesante con María Elena López, sin embargo, ya van varias telenovelas que han hecho con Giselle donde la observación es la misma y no se ha atendido: falta de agilidad junto a cierres de capítulo poco atractivos.

Sumado a Bechini y López llega un estilo demasiado contrastante con ellos, Claudio Lacelli. Sí, ese escritor que estuvo involucrado en la terrible adaptación de Cuna de Lobos, donde los villanos eran unos fracasados sin sentido. Es una manera de escribir rara, poco congruente y bastante morbosa. Me da la impresión que hasta pudo haber fricciones por ser dos estilos muy diferentes entre sí.

Finalmente, Giselle González funge como asesora literaria y lo que vemos en Mujer de Nadie es una telenovela ultra políticamente correcta. Ese es el esquema que nos quiere mostrar Televisa. No está para nada mal ser inclusivos, demostrar mensajes positivos y orientar a la gente con ejemplos visuales, sin embargo, estos deben cuadrarse perfectamente para contar una historia, no propagandas aleatorias sin sustento alguno.

Son tres estilos diferentes combinados y el resultado es un rumbo de trama que fue perdiendo el interés de la audiencia, tomando en cuenta que Amarte es Mi Pecado si algo la hace gloriosa no es solo su humor negro, sino que era políticamente incorrecta por mostrar una crítica de los seres humanos, especialmente de aquellos que son poderosos.

Sin estos tres ingredientes tan notorios, es por lo que muchos creen que Mujer de Nadie no tiene nada que ver con Amarte es Mi Pecado, sumado a que se pierde su relación con la obra El Otro Lado de la Medianoche.
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El dilema de la protagonista y otros personajes

Hacia este punto, hablaré de las actuaciones y el planteamiento de los personajes, no sin antes ver la oportunidad tan desperdiciada que tuvieron Giselle y su equipo de escritores. ¡Desperdiciaron la trama de los periodistas y el narcotráfico! Todo para sustituirlo con una empresa de tráileres junto a la típica corrupción empresarial.

Livia Brito, tal como comentaba, deducía que podría haber sido una protagonista notoria del melodrama clásico, especialmente de aquel que hacía Ernesto Alonso, sin embargo, desde Muchacha Italiana Viene a Casarse (2014) a esta actriz la veo en la categoría de actrices estancadas.

Es rara la actuación que Livia nos da en el presente. Tomemos en cuenta que para 2016, las telenovelas tradicionales empezaban a dejarse un poco de lado, múltiples actrices jóvenes que pudieron haber brillado como las grandes ya no hacían personajes similares a los de Adela Noriega, Yadhira Carrillo o Daniela Castro. Por el contrario, empezaron a estar en papeles muy de serie, narconovela o cualquier cosa alejada del sentido melodramático.

La actuación para crear a Lucía, no es precisamente mala, pero le faltó matiz, colores y diversidad de expresiones. Ya no veo una actriz que se parte en llanto, ni a una intérprete emocional, veo a una sumergida en sus escándalos con un preocupante tono de voz.

La voz de la actriz es un instrumento que debe utilizar como artista para poder representar papeles, en cambio, ahora, noto un problema de salud que debería ser atendido con urgencia.

Independientemente de cómo fue elegida para ser protagonista, me parece increíble que alguien con su problema de voz haya pasado un casting o una productora la haya considerado por encima de otras opciones.

La venganza de Lucía, evidentemente con el contraste del guion y la extraña actuación de Livia, se vio opacada por otra venganza que, aunque corta, fue mucho más disfrutable: la de Casilda.

María Penella diría que es una de las que se llevaron la historia con el rol de Casilda. Hablamos de una actriz mucho más matizada y entregada. Ella hizo al papel suyo, sin querer imitar a Tiaré Scanda. El argumento la hizo ver como un papel realmente sufrido, que sí tendría motivos para vengarse, en cambio, Lucía ya era una protagonista con carácter, que poco sufrió lo que su versión antecesora (Nora de Amarte es Mi Pecado), y el momento de optar por desquitarse, se volvió bastante extraño o irreal.

Un objetivo que tuvo esta adaptación fue que sus tres antagonistas principales brillaran. Pareciera que fue así, porque María, Cynthia Klitbo y Azela Robinson fueron las que mayor popularidad tuvieron de la telenovela. No obstante, también aquí pasó algo.

Cynthia me regaló una Isaura que me dio estupendos momentos, una maldad deliciosa y unas ocurrencias que pueden estar a la par de su original, no obstante, tuve un sentimiento similar con la telenovela Imperio (2014). Ahí criticaba que su villana principal, Cora (Drica Moraes/Marjorie Estiano) era muy buena, pero por muchos capítulos parecía más un personaje cómico que una antagonista. Algo así me sucede con esta nueva Isaura. Un trabajo muy bueno, pero me hizo falta aún más maldad como la que tuvo Sylvia Pasquel.

Azela, hizo una villana que hasta el capítulo 33 me pareció interesante. Una mente retorcida que era capaz de crear un “Cuento de Hadas Perfecto” para su hija, así manipulara, amenazara y destrozara a quien sea. Esto era muy siniestro, aunque ya no tuviera nada que ver con el personaje de Margarita Isabel, pero del 34 en adelante solo era una mujer equivocada utilizando métodos incorrectos. Me faltaron aquí también matices, fue una actuación en el mismo tono durante toda la historia… me hizo falta Benjamín Cann dirigiéndola.

La trama del burdel no aporta nada, es solo un gancho para llamar la atención y que sirve para agilizar el embarazo de Casilda por meterse con Leonardo de una manera más sencilla.

Plutarco Haza hizo una interpretación muy acentuada en maldad, al grado que todo el momento se me figuró un tanto plana. Es un reto, incluso, salir del confort, tuvo sus buenos momentos, pero era un personaje que en momentos pecaba de poco inteligente.

A Ignacio Tahhan le tocaba hacer a Leonardo, un personaje fundamental de la versión anterior y aquí, no solamente el actor lo representó sin tantas ganas, sino que fue un papel sin profundidad ni desarrollo.

Los papeles de tanto Carmen Aub como de Azela Robinson fueron personajes “Chivo Expiatorio”. Se les planteó como grandes villanas que causarían impacto y al final, solo se les desechó en cierto punto del enredo.

Muy triste el caso del personaje Néstor interpretado por Ignacio Riva Palacios. Ya van varias telenovelas de Leonardo Bechini donde el creador piensa que sin antecedentes o un seguimiento correcto del personaje, de un momento a otro es de la comunidad LGBTTIQ+. Lo hizo con Fede (Germán Bracco) de Caer en Tentación (2017), con Clara (Alicia Jaziz) de Imperio de Mentiras y ahora aquí de una forma tan inesperada como poco congruente. Me entristece decirlo, pero sí, esto puede ser inclusión forzada.

Alexa Martín me sorprende ver que actoralmente ha evolucionado, pero le dieron un personaje tan “de mensaje”. Es un papel que nos demuestra que las mujeres pueden ser machistas y a la vez, víctimas de narcisistas abusadores. La problemática es buena e interesante, pero ¡hablamos de una versión de Amarte es Mi Pecado! ¡Hablamos de que queremos ver más a Isaura, Casilda y Alejandra! ¡Hablamos de una telenovela de 45 capítulos! La problemática de Michelle la quisieron hacer tan protagónica que de la segunda a la cuarta semana del enredo, ella parecía la protagonista. En lugar de empatizar con la causa, se le terminó odiando por su aburrimiento.

Pese a todo, hubo cosas que valieron la pena aparte de María Penella y Cynthia Klitbo,. Así podemos mencionar a Rosa María Bianchi, Verónica Merchant, Verónica Langer, Arap Bethke, Clarisa González y Ale Müller.

Juana Arias hizo una reivindicación de Paulina impresionante. Teniendo en cuenta que es un argumento muy políticamente correcto, este personaje omite ese error que tuvo su antecesora en la original, logrando salir muy bien librada. Su actuación en un principio parecía gris y sin fuerza, pero logró introducirnos a sus problemas y perspectiva, y te podías encariñar muy bien con ella.

Enrique Singer, después de verlo de malo constante y en actuaciones especiales, le dieron un papel diferente, un hombre justo y correcto como Gabino.

Pese a todo, siento que hay tres trabajos que considero, superaron a sus originales:

Roberto Soto, por lo pronto, puede ser considerado la “Revelación del Año”, debido a su siniestra interpretación de Heriberto, siendo más obsesivo, desgarrador, manipulador y sociópata que su antecesor Antonio Medellín en la trama original.

Sergio Bonilla empezó sobreactuando, pero al paso del tiempo, le dieron a Diego un enfoque humanista con un buen mensaje. Además, que su química con Ale Müller fue sorprendente, una pena que no acabaran juntos.

Y finalmente, Marcus Ornellas, pese a que veo, tiene ciertos problemas con sus exclamaciones, logra concretar a un galán convincente, enamorado y víctima. Una actuación mil veces más correcta y expresiva que la de Sergio Sendel.

Ya de ahí en fuera, terribles problemas de continuidad, cuidado de escena y una musicalización opaca.
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Conclusión

Me preocupa el rumbo que tiene Giselle González. Sí, es una productora bien intencionada, pero quiere quedar perfectamente estable con todos los grupos sociales sin tener una ruta adecuada. No deja que sus escritores trabajen con su propio ritmo.

Es momento de dejar descansar a Leonardo Bechini y María Elena López. Si las siguientes telenovelas serán cortas, ya no estamos en la situación de tomarnos nuestro tiempo para explicar las cosas paso por paso para después acelerarlas como si estuvieran corriendo.

Hay que olvidarnos de Claudio Lacelli, el autor que le dio la peor historia a Giselle.

Y finalmente, Televisa… Dejen trabajar a Giselle con los argumentos y protagonistas que desee. ¡Es momento de evolucionar! Triste porque es una telenovela más que no logra estar a la altura de lo que hacía Ernesto Alonso y desesperante porque pudo ser una obra maestra, tenían todo, pero dejaron ir el chance.

Cosas buenas dentro de un guion estancado y poco cuidado.

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